Encierro de San Fermín

He querido compartir este texto (escrito hoy como una manera de sacar mis demonios) para que supierais los pensamientos que me rondan en vísperas del Maratón de Pamplona. Vosotros seguro que comprendéis los desvelos que sufrimos los corredores, porque al final todos lo somos. La extrema ilusión que ponemos en nuestro deporte hace que la intensidad sea máxima y que la necesidad de concentración y relajación tengan que estar a la altura.

Quedan 6 días, estoy en el periodo para mí más difícil de la preparación, el famoso “tapering”, las últimas piedras, el velar armas del guerrero antes de la batalla, la tensa espera, la comedura de coco, los reproches velados del podía haber hecho más.

Muchas son las maratones que he disputado. Al final pierdes la cuenta pero quizá sean más de 40. Este año caerán cuatro, dos «a full» y otras dos algo más suaves.Se va gestando una próxima carrera de 100 kilómetros.

Antes de las Fiestas de San Fermín, el próximo sábado 28 de junio, se celebra la primera edición de la Maratón de Pamplona, y allí estaremos. Hablo en plural porque participan (incluso sin ellos saberlo) muchas personas en mi maratón. No me siento solo.

Desde bien pequeño he almacenado los dorsales que posteriormente en cualquier tonta mudanza decidía que eran una carga difícilmente justificable. Porque cuando has participado en 3 competiciones de 100 kilómetros ya todo te parece algo más breve. El disco duro del archivo privado de competiciones se va saturando de recuerdos y, en algún sentido, las carreras se van machacando unas a otras.

En abril decidí participar en este maratón de Pamplona. Los motivos fueron cinco:

  1. Su “nocturnidad” (empieza a las 20 horas).
  2. La cercanía con Zaragoza.
  3. Ser la primera edición.
  4. El (más que probable) calor.
  5. El solsticio de verano que tanto significado tiene para mí.

 

Parque-Vuelta-del-Castillo

El entrenamiento se basaría más en la acumulación de kilómetros a ritmo medio-alto y no tanto en extenuantes series que pudieran minar las escasas energías que la edad y los compromisos laborales y familiares me concedían.

Entrenos que, a días, han sido de maltrato y otros en los que prevalecía el mimo con el que recogía los frutos de días perros. Podía llegar gozoso a casa después de un trote a 35 grados con un ritmo de 4.40 y en cambio en otros a 4.02 llegaba descorazonado por las molestias en la rodilla. Las cifras orientan pero no significan nada en sí mismo, porque el cómo, a mis años, acaba siendo más importante que el qué.

Esta preparación ha sido batalla sobretodo psicológica ya que la molestia en la rodilla izquierda me ha tenido en jaque. Cada dos semanas visita al masajista que por ser argentino y hablador me ha curado las piernas y también el alma.

Un difícil encaje de, por un lado, piedad y por otro un “no hacer caso” aplicado a mi maltrecha rodilla, desoyendo el dolor, cierto y punzante de ésta queriendo ser la protagonista de esta historia. Durante estos meses he trabajado la cadencia de mi zancada. He procurado hacerla más corta y por lo tanto menos agresiva para la rodilla.

Los síntomas experimentados día a día han reforzado la preparación de este maratón: la sensación de ligereza de los brazos al correr. En este tiempo no he descuidado el gimnasio y mis bíceps y tríceps han sido trabajados para poder aguantar el continuo empuje durante más de 2 horas de trote. Pero están livianos, los siento como si fueran alambres, extremidades que ayudan y no estorban. La delgadez de los muslos, muy imperceptible para el ojo ajeno. El afinamiento del gemelo que ha pasado de 38 a 37 centímetros.

Noto fuerza acumulada en las piernas más escasas de carnes, el “repretamiento” general.

Las semanas se han sucedido con volúmenes kilométricos ascendentes. La energía general ha fluctuado pero siempre ha habido tolerancia al volumen que ha ido en aumento. He enlazado 12 semanas a razón de 100 kilómetros cada una de ellas, llegando, en estas dos últimas, a los 130 sin aparentes problemas más allá del stress que supone no descansar cuando apetece.

Ella me esperaba pacientemente para comer juntos cuando llegaba a deshora por trotar una segunda vez en el día. Aguantar estoicamente mis enfados motivados por el cansancio de las jornadas maratonianas de trabajo y entrenos. Escuchar pacientemente mis circunloquios sobre dolores y sensaciones.

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Análisis diario de sensaciones y molestias. Apuntalamiento del edificio que siempre supone una preparación de Maratón. Las goteras, los cortocircuitos y, sobretodo, el mimo con el que uno trata de que su casa sea un palacio. Pero a ratos ha sido una auténtica pocilga.

La desesperación no ha sido una palabra que tuviera cabida en mi cabeza. La necesidad de tranquilizar el espíritu para afrontar  los imprevistos y los avatares de cada día. La obsesividad del que, por narices, cuida todo detalle para lo consecución de una versión mejorada de uno mismo en un día y a una hora por venir.

Muchos trotes en los que la imaginación y la memoria se desbocaban a conciencia para imaginarme por las calles de Pamplona en tal o cual kilómetro teniendo que tomar decisiones para alcanzar un mejor puesto. Estafeta, Plaza de Toros, Plaza del Castillo,  la Universidad de Navarra,… Me he imaginado corriendo en el atardecer con una luz languideciente pero, sin embargo y a la vez, con una concentración que tendría que ir, ése día, en aumento.

Será una carrera de eliminación. Irán cayendo (o no) los contrincantes en pos de una oscuridad salvadora. A las once de la noche la iluminación exclusivamente eléctrica indicará el final de la contienda.

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Perfil infernal con continuos dientes de sierra. Calles sin memoria con un correr autómata. Metido en mi ritmo sin ni siquiera pensarlo. Aspirar a hacer un buen gesto, a realizar un buen trabajo basado en la facilidad y el cariño. Hacer mía la ciudad de Pamplona a golpe de zapatilla. Subir las continuas cuestas con la levedad del ser y  bajarlas con las ganas del que espera otra subida.

Aplicar todo el cariño del que soy capaz en cada kilómetro. Porque va a ser una carrera hecha desde y para el corazón. Con cariño hago todas las cosas referentes al correr. Sin cariño no hubiera llegado a conoceros. Sin mimo nada que valga la pena sale adelante.

Si, una maratón tierna y sentida con profundidad. Sin presión, porque nada tengo que perder y todo por ganar. Miraré a los transeúntes detrás de mis lentes foto-cromáticas que empezaran oscuras y se volverán claras en cuanto la oscuridad nos vaya envolviendo. Espectros sudorosos y cariacontecidos seremos, desafiando a una noche de sábado empeñada en ser corta y joven. Apuraré los minutos con pena porque la desdicha de que el caramelico del bueno se acabe es un hecho habitual en cada carrera. Porque el cariño con el que se preparan y se corren estas cosas me mantienen con vida. Porque el maratón empezó en abril y acabará en cuanto desaparezcan los dolores ocasionados por la batalla, a mitad del mes que viene.

Cuando esté deambulando por el muro, allá por el kilómetro 32, pensaré que soy merecedor de ese puesto en el que me encuentre y que lo defenderé con valentía hasta la meta. Mi diálogo interior será intenso y vehemente. La dualidad entre lo que soy y lo que me gustaría ser. Mucha mierda interior pugnando por salir y desestabilizar.  Momentos de apuro en los que hay que tranquilizarse, respirar hondo, darse cariño exigente y regular.

Buscaré con ahínco el golpe de pedal que me haga remontar las cuestas y ascender en la metáfora que es la vida hecha kilómetros.

Lo físico ya está hecho. Mi cuerpo es la mejor maquinaria que he podido engrasar dentro de mis límites vitales-temporales. Ahora es el momento del corazón. “Un corredor debe correr con sueños en su corazón”  dijo Emil Zatopek y “Seguir adelante cuando no puedes más es lo que te diferencia de los demás” …esto lo dijo Rocky Balboa.

Haré de estas dos frases una buena mezcla.

6 comentarios en “Encierro de San Fermín

  1. Querido Juan, interesantisimo artículo porque esta escrito con el corazón. No tengo ninguna duda de que terminarás el próximo 28 en Pamplona, en el puesto que decida tu cabeza, porque estas preparado para ello. Aupa y al toro que es tuyo. Recuerdos a Rosa.
    Un abrazo
    Javier

    • Muchas gracias Javier. ¿Cómo va tu preparación de la Vuelta al Pico Cerler? Ya queda poco más de un mes y tenemos pendiente un trote por los Pinares de Venecia para después de Pamplona. Un abrazo fuerte de Rosa y mío.

  2. Buenos dias y gracias por tu artículo, siempre es un placer leer este tipo de líneas, en las que cada uno, a su nivel, se siente identificado. DISFRUTA, muchísimo, porque el resto ya lo tienes, ya eres campeón,
    Un saludo

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