Las lesiones más habituales del corredor.

Al correr impactamos contra el suelo. Está muy duro. Las lesiones se producen por sobresolicitación de nuestros músculos, tendones y articulaciones.

Los factores que ayudan a que aparezca una lesión son:

a) la ingesta insuficiente de agua,

b) mala nutrición,

c) calzado poco amortiguado o viejo,

d) abuso de asfalto o terreno duro,

e) Correr con una técnica de carrera deficiente,

f) incremento exponencial y repentino del número de kilómetros semanales,

g) descompensación muscular, es decir, falta de armonía en nuestro aparato locomotor y sobre todo

h) por no realizar los necesarios ejercicios de estiramiento después del entrenamiento.

Las lesiones más habituales son:

  1. Tendinitis: aquiles, rotuliano.
  2. Condromalacia rotuliana.
  3. Síndrome de la cintilla iliotibial (tensor de la fascia lata). Acortamiento del psoas iliaco.
  4. Fascitis plantar.
  5. Inflamación espinillas: periostitis tibial.
  6. Contracturas musculares (soleo).
  7. Roturas de fibras musculares.

La lesión es el enemigo número uno del corredor. Por experiencia propia, os aconsejo que, para disfrutar de este deporte tan práctico, barato y gratificante, hagáis caso al sentido común y deis importancia a los estiramientos. El gesto al correr, con una buena técnica, también os librará de lesiones porque con ella trataréis al suelo con mimo y no lo golpearéis violentamente. El acondicionamiento físico os evitará lesiones por descompensación muscular.

En general, las contracturas se producen por el trabajo de series o por un deficiente calentamiento. Si exponemos a la musculatura a temperaturas frías o nos hidratamos mal. En invierno por el frío y en el verano por el calor. Ya veis, siempre estamos expuestos a sufrirlas.

Cuando la lesión aparece, la solución más inteligente sería bajar la intensidad y la cantidad del entrenamiento y ponerse en manos de un  profesional de la fisioterapia y de la osteopatía, a poder ser un corredor, que conozca por experiencia propia los males típicos del corredor. También es muy importante el calzado, ya que será el encargado de absorber las vibraciones producidas por el impacto de nuestro cuerpo con el duro suelo. Es importante que la zapatilla tenga amortiguación suficiente y acorde a nuestro peso. Muchas lesiones se producen por un calzado viejo o no apropiado para la carrera.

Hay dos tipos de zapatillas: las de entrenamiento y las de competición. Las de competición se caracterizan por su ligereza y falta de amortiguación. Esta falta de amortiguación es necesaria si queremos correr rápido, pero conlleva un riesgo que mucha gente no está dispuesto a asumir. Por ello infinidad de corredores entrenan y compiten con la misma zapatilla, consideran que no van a batir ninguna plusmarca mundial y que lo que desean es no lesionarse y poder salir al día siguiente sin problemas. Lo ideal sería tener ambas y utilizar la de competición para el día de calidad ( series) y para la competición ( representaría el 10 % de nuestros kms totales) , y la de entrenamiento para todo lo demás ( 90 %). Decidir la conveniencia o no de dos pares es cosa muy personal, y ante la duda, por supuesto, apostar por una buena zapatilla de entrenamiento.


riceRest, Ice, Compression and Elevation.

Hay una creencia entre los corredores que dice que si se lesionan es porque pisan mal. Es un concepto difuso y que lo que intenta decir es: «Estoy mal hecho y lo único que me soluciona el problema es algo externo a mi». Le echan la culpa al destino o a sus progenitores. Es lo más cómodo.

Mi experiencia me dice que hay poquísima gente que pise mal. Cuando digo mal, me refiero a tener un problema biomecánico severo. Lo normal es ser normal. El esfuerzo por evitar lesiones tiene que venir en el autoconvencimiento de que la solución a las lesiones parte del esfuerzo personal e intransferible de hacer las cosas bien. A nivel entrenamiento ( el visible y el invisible) y eso ya es cosa que no está al alcance de muchos. Porque muchos esperan que unas zapatillas hagan lo que ellos no saben o no quieren hacer: Cuidarse y mimar el duro suelo. Y la clave está en qué hacemos con las zapatillas. En nuestro entrenamiento. Y es ahí donde cobran mucha importancia la propiocepción, el core y la pliometría. Debemos preparar a nuestro cuerpo para la tarea de hacer kilómetros.

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