Milagro en Milán

Italia se nos da bien. Por segundo año consecutivo acudíamos a recoger en sus tierras los frutos del trabajo desarrollado en el invierno. Ya en Roma, en marzo del 2014, Lucía había bajado 16 minutos la marca con la que debutó en el maratón de Zaragoza del 2013 (3.58). De momento, o corríamos en Zaragoza o lo hacíamos en Italia.

Nada garantizaba que esta carrera fuera un éxito, al contrario. La madurez deportiva llega con el paso de las temporadas, se necesita el poso que da el paso del tiempo para que el mejor caldo llegue a las mesas de los mejores restaurantes. La planificación es compleja en los tiempos que corren. Las obligaciones familiares y profesionales no ayudan a tener una preparación ideal. Pero con ello se cuenta y se van tapando las grietas que surgen semana tras semana.

En Milán se tenía que producir el milagro. Y cuando utilizo esta palabra no es invocando a la suerte del que no entrena. Esa no existe. El entrenamiento había sido responsable dentro de la irresponsabilidad del que no se dedica profesionalmente a esto. Arañando kilómetros en las jornadas apretadas de hijos y de trabajo. Los trotes y series decían que era posible, que había una base estupenda de kilómetros a 4.30 y que el ritmo de 5.00 minutos/Km era extremadamente fácil. El problema, como siempre, era saber hasta dónde.

Porque el maratón es una carrera de 12 kilómetros. Sí, querido lector, la máxima se cumple siempre. Hasta el kilómetro 30 es un juego de niños, una actividad que requiere muy poco esfuerzo para el que ha entrenado el maratón. Y a partir del kilómetro 30 todo cobra un color mortecino y sin brillo. La oscuridad campea a sus anchas y te intenta atrapar, consiguiéndolo sin duda a ratos. Pero no hay que perder la fe, no hay que claudicar porque el interruptor de la luz está muy cerca, en tu mente y en tu voluntad. Las dudas te van a atormentar implacables.

Cuando era bien niño vi por la televisión una película que ha marcado mi vida. Un obra maestra del realismo mágico italiano, «Milagro en Milán» del año 1951. Los inolvidables Vittorio de Sica y el guionista Cesare Zavattini creaban un personaje, Totó, encarnado por el actor Francesco Golisano de manera magistral.

La casualidad hizo que en la cena del sábado coincidiéramos, en la mesa de al lado, con una pareja que tenía en sus pies a su perro que se llamaba Totó. Era una señal. Me agarré a ella como quien no quiere oír que los Reyes Magos son los padres. Y me acosté con la escena final de la película rondando por mi cabeza:

El plan para este maratón era claro y distinto (como le pasó a Descartes): salir a 5 minutos/km hasta que la carrera nos pusiera (o no) en nuestro sitio. Y llegados a ese punto de no retorno, que es donde queríamos estar, demostrarle a la vida que el dolor es una bendición cuando se le mira de tú a tú y sin miedo.

La confianza de Lucía hacia mí era del 100%. Y es algo que, a regañadientes, ha aprendido y lo hace muy bien. Aceptó no llevar su reloj y fue seguramente un acierto. Fe ciega en que los 600 kilómetros de su preparación harían una mejor labor que los 800 utilizados en la preparación del maratón de Roma (pincha aquí) de hace un año. Menos es más, bien lo saben mis entrenados.

En el kilómetro 9, Lucía derramó sin querer su botella de agua por la camiseta y se la empapó. Estaba muy incómoda con la tripa totalmente mojada. Se quejaba amargamente y, por experiencia propia, en ese kilómetro no necesitas ninguna incomodidad añadida a la pereza de ir sumando kilómetros hasta la hora de la verdad (kilómetro 30). Además el riesgo de un corte de digestión o de desbarajustar el tema estomacal (aguas mayores) hacía que ponerle solución fuera un asunto de estado. Como un menesteroso, mi vista iba fijándose en el público buscando ese periódico dominical que aplicado a la tripa aliviase la desagradable sensación de humedad que da una camiseta mojada y pegada a la piel, de la misma manera que los ciclistas se colocan el papel ante el inminente descenso del puerto.

Dos kilómetros que pasaron con angustia, sin que el periódico salvador aparecía….Hasta que, en el hueco estrecho que dejaban dos coches aparcados, vi un trapo grasiento en el suelo. Paré y lo recogí. Al comprobar su estado sucio pero seco, se lo entregué y se lo colocó entre la tripa y la camiseta. Se hizo la paz, el cielo empezaba a abrirse.

Y me pidió que le hablara porque la soledad del muro es terrible. Luego me contó que notaba como si fuera a caer en un abismo y necesitase el asidero de mi voz para evitar el vacío. Y fui nombrando a cada uno de las personas que entreno en Zaragoza. Aparecieron poco a poco las cerca de 50 personas que confían en mi y yo veía sus caras contentas y anhelantes por nuestra victoria. Yo saboreaba sus nombres, vocalizando sin prisa sus cantarinas sílabas.

El resto es historia. Historia personal y deportiva. Las grabaciones con el móvil hacen de documental impagable que con el tiempo adquirirá mayor relieve. Como un periodista en el epicentro de la noticia. Hubo otras 5.000 noticias, la de cada uno de los participantes. Pero era la nuestra.

Ha sido un maratón mindfulness. El concepto se lo leí a mi amigo Victor Lalanza que en esos mismos momentos también batía su mejor marca personal en París con 3.12. Las grandes hazañas de corredores populares como tú y como yo. Atención y conciencia plena, presencia atenta y reflexiva a lo que sucede en el presente. Así, Lucía, iba centrada en la tarea sin plantearse nada que pudiera interferir o perturbar su carrera, tan solo en correr a 5 minutos por kilómetro.

Eramos plenamente conscientes de que estábamos haciendo algo muy bonito. Yo iba comentando la jugada, analizaba sus gestos, sus muecas, la determinación de Lucía. Dejándola hacer, sin atosigarle, sin meterle prisa. Hablando muy poco. Haciendo las comprobaciones necesarias para ver si su ánimo se mantenía pétreo.

ritmomaraton

Gráfica del ritmo empleado en el Maratón de Milán

Le mentía a ratos, me sinceraba en otros. Intentaba mantener su tensión, le aflojaba su mente en otras. Le dije, sobre el kilómetro 34, que estábamos rondando el 3.36-3.37 y se lo decía como si de una noticia buena se tratara, ya que su mejor marca estaba en 3.42. ¡Si hubiera sabido entonces que íbamos a hacer 3.33.29!

¡Cuánto dolor en esos kilómetros finales! ¡Cuánta necesidad de tranquilizar al espíritu atribulado! ¡Qué momentos tan auténticos! ¡Cuánta verdad hay en una persona dolorida! ¡Qué admirable seguir apretando los dientes en esas circunstancias!

Durante la carrera te vas imaginando un hipotético final: ¿lloraré de emoción?, ¿me tiraré al suelo?, ¿me acordaré de esto y de aquello?,…

Al final, a 50 metros de meta, me callé para saborear en silencio un momento tan añorado y tan querido. El silencio que habla por los codos, que dice tanto con tan poca saliva. Mi ofrenda, mi redención. Lucía y el Maratón: mis dos pasiones.

20 comentarios en “Milagro en Milán

  1. Madre mía, qué entrada tan intensa. Tuve la suerte de conocer a Rosa en persona en la última carrera del Ebro, pero ya la conocía vía facebook gracias a su carta a sus hijos de una futura mamá maratoniana. Esa carta me pareció preciosa, intensa, entrañable, recuerdo que la leía horas después de mi segunda maratón de Zaragoza, donde a un nivel mucho más humilde, yo pasaba de completarla en casi 5 horas a poco menos de 4 horas y media. Todavía tenía los nervios a flor de piel y todos esos sentimientos entusiastas tras haber cruzado meta.
    Rosa me parece una persona increíble, por dentro y por fuera. Es una campeona, qué te voy a decir que no sepas, y tiene una humildad inmensa. Recuerdo que le escribí a raíz de esa carta, y agradecí muchísimo que me respondiera. Es una de esas personas que aunque apenas conoces, te transmiten muchísimo, personas muy grandes y dignas de admirar, grande por fuera y sobre todo por dentro, con una sensibilidad especial.
    Me alegra mucho ver lo mucho que se la aprecia, porque se lo merece. Me alegra mucho verla tan feliz, y veros a los dos disfrutando de esta pasión conjunta. Os deseo todo lo mejor. Un abrazo.
    PD. Debería dormir, en 7 horas se supone que debo correr la KDRTrail…

      • ¡¡Muchas gracias!! Pues ahora puedo decir que pude terminarla. Creo que junto con la TMT de 25 km es probablemente mi «peor» tiempo en cuanto a ritmo… pero mi objetivo era acabarla (sabía que era dura) y sabía que las cuestas iban a tener lo suyo. Ahora me duele el cuerpo, pero me siento inmensamente feliz. Me lo pasé genial. El ambientazo era de lujo. Buenas risas que me eché. Otro abrazo a ti!!

      • Hombre al ladito , al ladito,… creo que te cubriré las espaldas unos kilómetros por detrás.
        Gracias a ti que siempre has sido inspirador para mi.
        No sabía que coincidíamos en ésta y me he llevado una alegría al conocerlo.

  2. anhelante post……………tan cargado de energia e ilusion que una vez mas has conseguido que me pare a pensar que el camino hasta llegar a una carrera es lo complicado, lo dificil, la carrera es el momento de disfrutar de diferentes formas, aunque tenga momentos duros…………pero estas ahí, y es gracias a tu esfuerzo y tu disciplina. Me acordaré de ti, seguro, en los metros finales antes de ver el arco, en madrid……….este domingo, nuestra segunda media (la marathon es demasie), espero entrar con mi compi, pero llevaré a mis dos grandes apoyos en mi corazón M & M, estarán conmigo en todo el recorrido, por los km que hicimos y que haremos de nuevo………………siempre tenemos a alguien que nos ayuda a conseguir nuestros retos, yo tengo la suerte de tener a tres Maria, Myriam y Sara, VA POR NOSOTRAS WE RUN MADRID»!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

  3. Qué gusto da leer un relato tan íntimo y sincero, tan despojado y tan limpio de conceptos sin alma como #atopesiempre #motivacióndegarrafón y tonterías similares. Pequeñas gestas que hacen grande la existencia. Enhorabuena 🙂

    >

  4. preciosa crónica Juan! y enhorabuena Rosa! He entrado en el blog preguntándome que tal te habría ido en la Jorgeada (me han soplado que te vieron por allí) y me encuentro con esta maravilla. Y esta crónica me has confirmado dos cosas: que la maratón empieza en el km 30, y que correr con la camiseta mojada es un problemón. Te lo dice uno que corrió en Madrid ayer 🙂

    • Hola Jordi.
      Gracias por tus palabras. La crónica de la Jorgeada será para el domingo que viene. Deduzco que en Madrid lo pasaste mal. El día fue de perros. Rosa es un valor emergente, se portó muy bien.
      Gracias Jordi. Nos veremos en alguna de montaña, un abrazo
      Juan

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