Jorgeada 2015, o la voluntad de acabar lo empezado.

Jorgeada: dícese de una carrera en honor al patrón de Aragón, San Jorge, que se realiza la noche del 22 de abril o de cómo 50 locos quedan en la Plaza del Pilar de Zaragoza a las doce de la noche para recorrer 75 kilómetros en la más absoluta oscuridad y por caminos rotos.

El día ha sido largo y cuando salgo de casa a las 23.30 tengo muchas ganas de irme a la cama. Estoy cansado pero no me sorprende, después de 7 horas de trabajo y de dirigir un entrenamiento a las 20.30, lo único que pienso es en estar plácidamente tumbado esperando a que morfeo me atrape definitivamente. Intento imaginar que me voy de marcha con amigos, sin cubatas pero de fiesta.

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Plaza del Pilar con la Seo al fondo.

El cómo gestiones el ritmo y las decisiones iniciales marcarán el devenir de esta carrera. Me las prometía muy felices y ansiaba llegar en buenas posiciones. Después de unos primeros instantes de no saber qué hacer, a partir del kilómetro 4 me voy decididamente hacia la cabeza de carrera. Y en esa desesperada búsqueda de los puestos primerizos me pongo claramente por debajo de 5 minutos por kilómetro. Pasamos por San Juan de Mozarrifar en el kilómetro 8. Queda todo por llegar y voy quizá demasiado rápido aunque por asfalto no es una tarea demasiado difícil.

Con la única compañía de la música grabada en mi mp3 y la del chorro de luz que emite el frontal, así pasaré gran parte de esta noche, en la más absoluta soledad. Mis pensamientos son tan negros como esta noche sin luna que me acompaña.

Pensaba yo que esta «carrera» iba a ser predominantemente por asfalto. Grave error. El recorrido, una vez que sales del caso urbano de Zaragoza, se adentra en unos caminos deslabazados, con baches, socavones y piedra suelta. Me doblo repetidamente los tobillos sin llegar al esguince. Pero en esos requiebros mi musculatura se tensa y allá por el kilómetro 24, ya pasado Villanueva de Gállego, me da un latigazo el sóleo al intentar evitar la caída en la enésima torcedura de tobillo. Me asusto y me planteo cosas…..el abandono, el «dios mío, la hemos cagado», el «mecagüentodoloquesemenea» y tantas cosas más…. Quedan 50 kilómetros y el chasis tiene un gran bollo. La reactividad del sóleo es alta y sé, por experiencia, que va a ser imposible relajarlo incluso estirando.

Adopto, a partir de entonces, una postura rastrera, sin impulso, para que el sóleo no se encabrite más. Esa postura hará que con el pasar de los kilómetros me venga un dolor de lumbares muy molesto.

Llego a Zuera (km 27) totalmente desquiciado. Queda mucho y voy cojo. Mi estilo debe de ser manifiestamente deplorable. Mi carácter está agrio. Salgo de Zuera, o más bien escapo por miedo a pensar en mi propia retirada, y me adentro en la espesura de lo oscuro. Avanzo lentamente y con un dolor feo que desembocará en el mismo dolor pero más feo. Vislumbro el cartel del desvio de la autovía cercana e intuyo que estoy pasando por Ontinar. A ratos apago el frontal y me maravillo de estar tan solo y tan a oscuras. Yo, que cuando era niño me asustaba en el pasillo de mi propia casa, estoy en medio de la nada y con la voluntad totalmente inclinada hacia delante, hacia Huesca.

Son kilómetros muy negros y desesperantes. Es un avance sin brillo pero con fe. Mi mente es un avispero de ideas encontradas. El abandono imposible, el parar implanteable. No hay más y no hay menos. Qué coño, la vida es esto.

Paso el maratón en 4 horas. Estoy roto. En el avituallamiento del 42 está Jorge, del club organizador. Me dan ganas de llorar pero no debo. No ahora. Me dice que ya se ha pasado el ecuador de la carrera. Ya lo sé pero aun así se lo agradezco. Le doy la mano y me sumerjo de nuevo en la noche espesa y sin brillo. Voy camino del famoso pueblo de Almudévar,…. quedan 36 kilómetros, 18 hasta ese pueblo y otros tantos hasta Huesca. Es para llorar.

Voy deambulando a través de la noche con el único ímpetu que dan las ganas de acabar pronto. Pasan los kilómetros en mi GPS muy lentamente. A ratos ando. Esto va a ser muy mental. A falta de 7 kilómetros de Almudévar llega una luz, es Luis Blancas, yo voy andando y cuando llega me uno a él. Es hoy mi ángel de la guarda. Una voz amiga que me habla con cariño y me conmina a seguirlo. Y entre mis gemidos y sus ánimos corremos hasta el pueblo que se intuye pero nunca acaba de llegar.

Entramos en las instalaciones del campo de fútbol del pueblo. La chimenea está encendida y me siento para calentarme mientras engullo un trozo de trenza (famoso postre de hojaldre propio de Almudévar). Hago bromas con los voluntarios que están cortando el pan para hacer bocadillos de panceta. No tengo ganas de salir de allí pero Luis tiene prisa en sus ojos y quiero salir de Almudévar con alguien porque no me atrevo solo. Una vez abandonadas las últimas casas del pueblo le digo que se vaya, que me deje ir a mi ritmo, él a regañadientes se va alejando lentamente. Ya nos vemos por Zaragoza otro día más tranquilamente. Gracias amigo. Tengo frío pero no consigo sacar la prenda de abrigo de la mochila, me da pereza.

De nuevo solo, se va acercando la hora del amanecer que llega puntualmente a las 7.10.  Empiezan a despuntar los primeros rayos del sol. Quedan 10 kilómetros. Se ve ya la Sierra de Guara y detrás de ésta los imponentes tresmiles del Pirineo y eso anima. Toca bajar hacia la meta.

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Amanecer entre Almudévar y Huesca

 

Son minutos que denominaríamos de la basura, pero todos cuentan y sirven para dar gracias a Dios por poder contarlo. Paro en el último avituallamiento, a 6 Kilómetros de meta. Le pido a un voluntario que me haga una foto. No sé de dónde saco el buen humor. Me despido de ellos con efusivos abrazos. Me desean que se me pasen rápido.

A 6 Kms para meta

A 6 Kms para meta

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En el cerro de San Jorge, a 300 metros de meta.

Llego destartalado. Fundido. He tenido mucho tiempo para pensar y sufrir el dolor constante y desanimante del sóleo. Muchas órdenes mentales contradictorias en un maltrecho cuerpo. 8 horas y 34 minutos. Menuda noche de juerga. Me siento muy orgulloso de mi mente.

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Ya todo ha terminado, ya puedo bajar los brazos…

El año que viene más. Ya tenemos una buena idea de lo que supone ir de Zaragoza a Huesca.

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El año que viene más y mejor….

Como dice la Psicóloga deportiva Silvia de Uña: «En momentos críticos donde el abandono es una opción, no pierdas de vista tu objetivo. Recuerda la motivación que te ha llevado hasta ahí y por qué estás haciendo esto. A veces, volver al principio es una manera de llegar al final».

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14 comentarios en “Jorgeada 2015, o la voluntad de acabar lo empezado.

  1. ENORME relato. «Qué coño, la vida es esto.» Ni más, ni menos.

    Enhorabuena por lo conseguido, una vez más. Me ha encantado imaginarte perdido en mitad de la noche. A ver si un año me animo a una distancia como esa, que nunca he acometido… todavía. 🙂

  2. otra vez, ¡que bien describes y transmites lo que suponen este tipo de aventuras! Enhorabuena Juan. En estas si que el físico se presupone, y el resto… ¡todo cabeza!

  3. Gracias a ti Juan.
    Siempre has sido inspirador para mi, y mi manera de afrontar el atletismo tiene tu impronta.
    » Si el plan no funciona, cambia el plan pero no cambies la meta »
    Nos vemos en el Sobrarbe.

  4. Enhorabuena!!!, una vez mas alcanzaste tu objetivo……..esa «bolo » vale mucho, y te hace llegar todavía mas lejos. Eres un digno adversario de ti mismo, el mejor. UN fuerte abrazo y disfruta del descanso.

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