El espíritu de la montaña

La montaña es un lugar alejado de la civilización en el que predomina la ausencia de comodidades y en el que lo más básico se convierte en un lujo. Los que se acercan a ellas le intentan hacer frente como buenamente pueden y ante ella todos somos igual de pequeños y frágiles.

A mí siempre me ha atraído. Desde bien pequeño he hecho excursiones por el monte y en cuanto pude me lancé a conocer tresmiles y lo que modestamente pude alcanzar. Pero en cuestiones de correr… ¡ay amigo!.. ahí siempre he creído que estoy bien acomodado en la llanura de Zaragoza y he preferido ver la montaña con distancia…. Hasta que Luis Blancas me insinuó en el mes de marzo que me diera prisa por apuntarme a una desconocida -para mí- carrera de montaña porque las plazas (tan sólo 480) se agotarían muy pronto. Algo hizo click en mí y un solo whatsapp suyo bastó para apuntarme. Sería mi bautismo en una Ultra Trail y lo haría con una persona experimentada y que, desde siempre, me ha transmitido mucha paz cuando de correr largo se ha tratado. No en vano, la noche de la Jorgeada de 75 kilómetros fue mi ángel de la guarda y me cuidó hasta la meta.

El Sobrarbe, en el noreste de Aragón, es la comarca donde se organizaba. Su capital administrativa es Boltaña y su capital económica es Aínsa, la preciosa villa desde la que arranca la carrera. A partir de ahí, 66 kilómetros para cruzar la comarca de sur a norte siguiendo el sendero GR-19 y GR-19.1. Entre medias, dos collados que están a más de 2.000 metros de altitud y que colaboran a que la suma del desnivel acumulado sea de 7.400 metros. La meta, en Plan, el pueblo del Valle de Chistau -el más cerrado de todo el Pirineo aragonés- que se hizo famoso en los años 80 por evitar la despoblación a la que estaba irremediablemente condenado copiando una idea de una peli de vaqueros y fletando una caravana de mujeres para emparejar a los solteros del pueblo.

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Perfil1En el mes previo a la carrera Luis me invitó gentilmente 2 findes para entrenar. Subimos repetidas veces el Pico del Águila que se encuentra en la sierra de Guara y de esta manera sumar desnivel en las piernas. Los dolores posteriores en las piernas duraban hasta el jueves. Supongo que ha sido una necesaria manera de fortalecer mis debilitadas rodillas y hacer cumplir la máxima de «Lo que no mata, te hace más fuerte».

Acudimos a la Ultra con una preparación un tanto sui generis y con la media sonrisa del que se enfrenta a un juguete ansiado desde hace unos meses. Carlos Arribas  y Juanjo Serrano nos acompañaron en esta aventura y los acogimos con la alegría de los que saben que compartir el juguete es jugar el doble. Compañía inmejorable: generosos, discretos y eficaces.

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Con Carlos y Luis en el campo de fútbol de Ainsa. La salida, puntualmente, a las 6 de la mañana

Así que con esa ilusión nos plantamos a las 5.30 en el campo de fútbol de Ainsa: impacientes y sin sueño, a pesar del madrugón y de no haber dormido demasiado la noche anterior. La salida, nada que ver con la tensión de una carrera de asfalto; es momento de comentar el trazado y no podemos evitar mirar anhelantes hacia la Peña Montañesa, que nos contemplaba altiva al fondo del paisaje, como un preludio de lo que nos esperaba.

En lo que al recorrido se refiere, un sobresaliente para la organización, ya que el GR-19 está perfectamente marcado. Un trayecto precioso que transita por parajes de ensueño. Una pena el no poder parar y disfrutar de cada rincón. Se intuía su belleza pero sin poder reparar en muchos detalles. Me hubiera gustado sentirme más parte del decorado, integrado totalmente en la naturaleza salvaje del Pirineo oscense y grabar estas imágenes en mi retina.

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El cuarteto se dirige sin fisuras hacia el bosque previo a Lafortunada, tras el avituallamiento de Laspuña ( Km 15)

 

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Caminos blandos junto al Cinca.

El otro día leí a la psicóloga deportiva Silvia de Uña: «está comprobado que la cohesión de un equipo potencia su rendimiento. El nivel de motivación aumenta cuando en el equipo se trabaja el sentimiento de pertenencia e identidad. Conseguir que haya un sentimiento común y una complicidad para trabajar juntos, les llevará a aceptar objetivos grupales y a afrontar las dificultades de manera cohesionada».

Así planteé la carrera en mi mente hace meses. Haría un equipo junto a Luis y trabajaría para él. Necesitaba debutar con una misión en mi mente más allá que simplemente terminar. Disfrutar de las pendientes, mimetizarme con el espíritu de estas largas carreras de supervivencia que Luis, Carlos y Juanjo desprendían sin duda. Al igual que, cuando era pequeño, iba a la montaña con el ánimo de vivir una jornada de convivencia, de proyecto común, de cima y abrazos.

Al llegar al pueblo de  Lafortunada (Km 25) y después de rellenar los bidones y los estómagos, cogímos el camino fulgurante que tiraba para arriba en busca de la primera dificultad grande del recorrido: el collado del Portiello de Tella. Lo veíamos a lo lejos, un coloso de 1.400 metros de desnivel en tan sólo 12 kilómetros de recorrido. Pasaban los minutos y nunca llegaba la ocasión de cambiar de vertiente, collado esquivo que llega a desesperar.

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En el collado de Portiello de Tella (2092 metros de altitud)

Después de coronar el primer puerto nos dirigimos en una vertiginosa bajada por canchales y terreno descompuesto hacia Bielsa  (en el km 42.7 del recorrido). Bielsa era ese pueblo-tentación perfecto para una honrosa retirada. Avituallamiento sólido, buen ambiente (es la meta de quienes estaban inscritos en la maratón de montaña), incluso un autobús que te lleva hasta a la meta de Plan para quienes han decidido que no pueden continuar. De los 485 inscritos sólo 180 completarán el recorrido hasta Plan, de modo que Bielsa se convertiría en la meta forzosa de muchos. No es nuestro caso. El mensaje es claro en el grupo: «Bielsa no es una opción». El ánimo se mantenía bueno. Las fuerzas estaban medianamente intactas por el momento. Estamos cansados, pero por eso mismo prefiero ni sentarme. Los macarrones hacen de bálsamo. Rellenamos bidones y con las moral recargada a tope, emprendemos briosos e ilusionados la última etapa del camino: la más dura.

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Antes de emprender la marcha hacia Plan. Con un amigo y gran corredor: Quique Toledo.

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Tras la frugal pasta nos conjuramos un minuto para recomenzar la marcha.

El calor jugó en contra. La ola sahariana intentaría tumbarnos pero, gracias a los consejos de tantos y tantos corredores amigos, beberíamos y comeríamos como si nos fuera la vida en ello. Doce litros de líquido ( mitad sales y mitad agua), 8 geles «Biofrutal» con cafeína para las subidas, cuatro sandwiches de paté, 5 plátanos, dos puñados de cacahuetes y el plato de pasta de Bielsa fueron la gasolina para que mis energías no me abandonaran del todo.

Nos enfrentamos a la segunda dificultad montañosa, una subida larga ( 7 kilómetros) y tediosa en la que el calor aumenta ( ya pasamos la una del mediodía)  y los ratos sin vegetación que dé sombra se convierten en una losa que a ratos desanima. Tenemos que superar 1.100 metros de desnivel y llevamos ya más de 8 horas de marcha. Las fuerzas empiezan a escasear.

Me consideraba un afortunado por tener la salud suficiente para hacer estas cosas. Me acordé especialmente de personas que no podían correr por lesión o enfermedad: Iñaki, Julio, Justo,….siempre demasiadas. El riesgo a doblarse el tobillo, de tener un tropezón y caer mal, de tener problemas de estómago han estado presente durante toda la jornada… lotería que queríamos comprar. Concentración que, por fatiga, empieza a ser más compleja.

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Camino de la última dificultad orográfica: La Cruz de Guardia.

La subida fue la constatación de que los zombies existen. Deambulábamos por las faldas de la montaña con la voluntad firme pero con las piernas temblorosas. Tocó esperar al más débil, darle consuelo aunque sólo fuera en forma de compañía. De aquí a meta todo fue voluntad. La desesperación me inundó a ratos, el collado nunca llegaba del todo, la Cruz de Guardia parecía alejarse.

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En el collado de Cruz de Guardia ( 2103 metros de altitud) Kilómetro 51 de carrera.

Ya sólo quedaba bajar hacia Plan. 15 kilómetros en principio fáciles pero que al estar al final son mentalmente duros. Después de pasar por el avituallamiento Serveto el sendero nos hace subir y subir hacia Gistain. Una broma macabra porque debajo (en el valle) la meta de Plan se atisba perfectamente con su piscina y su pradera. El calor a estas horas se pegaba pastoso en las entrañas. Nos dábamos ánimo, en tácitos turnos, hacíamos un buen equipo.

Necesitaba oír frases animantes, positivas. Las encontrábamos en Juanjo y Luis que ya habían hecho otros años esta misma carrera. Necesitaba que me mintieran. La ansiedad por llegar me atenazaba. La maldita impaciencia que, por desgracia, malogra muchas cosas en mi vida. Ya me lo dijo Luis, en montaña nunca hay que tener prisa y no hay que ponerse nervioso. Me queda mucho que aprender. Una vez en Gistain bajamos por la carretera durante 800 metros para coger el camino a San Juan. ¡Con lo fácil y directo que parecía el camino a Plan!  ¡Qué manera de añadir angustia y metros!.

Tras una bajada fulgurante a San Juan y después de atravesar sus calles en cuesta abajo, nos enfrentamos a los dos últimos kilómetros en llano en los que me dio por correr como si no hubiera mañana. Un niño quiso chocar nuestras manos en la distancia y yo no tenía fuerzas ni para acercarme a él. Atravesamos un río poco profundo a escasos 500 metros de meta. Lo cruzamos sin miramiento y por en medio, ya daba igual todo. Me giré antes de llegar a la pradera para sentir que mis tres amigos estaban a mi lado. Teníamos que entrar juntos. Las fuerzas nos acompañaban porque corríamos: era el mejor indicador de que habíamos doblegado a la distancia y a la pendiente. Habíamos ganado.

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Entrada a meta en Plan. Juntos hasta el final. 12 horas y 13 minutos de magnífica compañía.

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¿Y ahora qué? Las ganas de repetir están por todo lo alto.

 

 

9 comentarios en “El espíritu de la montaña

  1. Juan.
    Me he emocionado recordando el pasado sábado, la maravillosa jornada que pasamos los 4 juntos.
    Fue un largo día donde tuvimos tiempo para todo, disfrutar, sufrir, reir,…
    Cuando estás en la montaña despojado de todo, encuentras la verdadera esencia de la cosas y las personas.
    Nos ayudamos y nos dejamos ayudar, fue una experiencia que nunca olvidaré.
    Gracias por todo.

  2. Juan, un placer haber coincidido contigo y con Rosa. Me alegro y es positivo que gente como tu se anime a corretear por el monte. Espero volver a encontrarnos en alguna sana locura de estas. Todo cabeza, máquina!!!.

  3. Pues qué quieres que te diga… qué me gusta mucho el blog y esta entrada sobrarbense te sitúa por esos caminos. Enhorabuena Juan!!!.

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