La homologación de las carreras. Cuestión de detalle….

Las carreras crecen de debajo de las piedras. Muchas marcas comerciales las utilizan para darse publicidad. Es excelente que se «aprovechen» del fenómeno correr y quieran asociar su marca al concepto SALUD que todos ansiamos.

Hace años no había tantas. A los organizadores no se les ocurría ponerles el apellido de  5k o de 10k a algo que no lo fuera. Eran habituales en el calendario carreras como la Behovia, la vuelta a la Mejana, la Jean Bouin,  la Extrema Desértica, la Sansilvestre y así un gran número de ellas. No existía entonces el google earth ni los GPS estaban en nuestras muñecas. Recuerdo correr cada domingo crosses y carreras de asfalto que tenían lógicamente una medición concreta pero en las que nadie se venía a engaño. Al llegar a meta comentabas con el resto de corredores la inexactitud del recorrido en función del tiempo realizado. Curiosamente casi siempre era menor al anunciado para favorecer la buena fama de que esa o tal carrera era especialmente rápida. Recuerdo terrenos embarrados, giros de 180 grados, cuestas y, a pesar de ello, salían unos ritmos imposibles. Esperábamos a la temporada de pista para intentar legitimarlos. Cuando querías distancias exactas te ibas a la pista a refrendarlo.

El atletismo empezó con el movimiento olímpico. Las distancias de la pista de atletismo eran las mismas para todos. La reglamentación vino en las olimpiadas de Estocolmo de 1912, de tal manera que los récord fueran establecidos en las mismas condiciones para todos. Sólo a partir de 1924 las maratones olímpicas tienen 42.195 metros ( exceptuando la de 1908, que fue la olimpidada que se tomó como referente).

Hay un momento en la trayectoria de un corredor popular en el que los saltos de calidad cada vez son más limitados y escasos, el entrenamiento obcecado sólo permite ya ventajas residuales y rezamos para que se alineen los astros y tengamos unos de esos días perfectos en lo que todo sale a pedir de boca. A partir de tal premisa muchos corredores se interesan en buscar al menos una vez al año ese carrera que se adscriba al principio básico de cualquier buena competición: pensar sólo en correr. Y es entonces cuando asalta la duda: ¿dónde puedo ir a hacer marca?

La respuesta es clara: en una carrera que esté homologada.


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Para homologar una carrera se necesitan muchos requisitos: económicos y legales. Entra en juego la Federación Española de Atletismo que es el organismo que vela por la exactitud, y en ese sentido las reglas comunes a todos. Hay que perder toda una mañana para que un homologador que viene de Madrid y con el que hay que concertar una cita, haga las mediciones oportunas con una bicicleta especialmente calibrada. La policía local ha de ser avisada para que custodie la seguridad de los ciclistas en el acto de homologar por las calles llenas de coches.

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La inmensa mayoría de carreras no están homologadas. Es normal que así sea porque lo complica todo mucho. Si el objetivo de una carrera es promover el deporte y que sea una fiesta, no es necesario homologar. Si mide aproximadamente 5 kilómetros, deberemos de tomarnos el dato como una orientación nunca como un dato fiable y sobre todo exportable. Imaginemos que corremos un 5k a una velocidad de 4 minutos/km. A esta velocidad recorremos 100 metros en 24 segundos. Si la carrera tiene 4.800 metros, supondrá un tiempo final de 19.12 y no los 20.00 minutos que debieran. ¿Tiene su importancia? ¿o no? Cualquier corredor que lleve algo de tiempo en esto de entrenar sabe perfectamente la gran diferencia que hay y lo mucho que le cuesta conseguir esa mejora.

Que un circuito sea lo más llano posible o que no tenga muros que rompan el ritmo; que evite los giros cerrados y que discurra por calles lo más anchas posibles serán aspectos en los fijarnos además de estar homologado. Entonces el registro será un dato con el que hacer rabiar al vecino.

Tema aparte, que ya hemos tratado en otra entrada de este blog (pincha aquí), es el feo asunto de acortar en las curvas y de subirse a bordillos porque lo hagan otros. ¿A quién intentamos engañar? ¿De qué sirve una proeza si resulta que no lo es tanto? ¿Para qué el organizador se toma la molestia de homologar?

Si la carrera no está homologada, será un buen test y nos dará una buena información de nuestro estado de forma para reformular (o no) nuestros inmediatas sesiones de entrenamiento. Información que habría que procesar en la intimidad o con nuestro entrenador. Con nadie más por favor.

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