Be water my friend

El anuncio de televisión en el que aparecía Bruce Lee diciendo «Be water, my friend» tuvo mucho éxito. Ejemplificaba perfectamente la capacidad de mimetizarnos con el ambiente y sacar provecho de cualquier situación por mala que se nos representase. Deberíamos ser agua y fluir en vez de chocar. Vaciar la mente era la condición indispensable que Bruce nos indicaba para que esto se produjera.

Y yo me pregunto: ¿Cuándo no fluye adecuadamente el atletismo por nuestras venas?

Y la respuesta que me viene al pensamiento es recurrente, nuestro mayor enemigo no es otro que nuestra cabeza. Hay maneras de ser, y sobre todo de pensar, mejores para correr que otras.

El correr, con los años, hace que desarrolles unas habilidades específicas relacionadas con el esfuerzo continuado, con la superación de dificultades, con el sentido del ritmo, con la tolerancia al dolor, al físico e incluso al moral. Pero también hay habilidades más genéricas que provienen de nuestra educación y que nada tienen que ver con nuestra afición porque son anteriores.

Lo físico es relativamente fácil de mejorar. Lo que no es tan sencillo es cambiar la cabeza de los corredores.

Hay maneras de ser muy atolondradas. Personas que no piensan las cosas. Y hay que pensar 20 veces las cosas antes de actuar o de hablar. Hay personas con poco sentido crítico. Gente poco analítica que avanza lentamente o no avanza porque no aprende de los errores. No saben pasar del análisis, que debe primar en los primeros momentos de nuestra vida como corredores, al momento posterior y que refleja madurez de una comprensión sintética del entrenamiento. Hay que pararse a pensar y sentir el silencio de nuestros entrenamientos. Si se vive a golpe de pulsión, no habrá manera de atar las ventajas del orden y el sistema.

Hay cabezas más preparadas que otras para la práctica del atletismo. Para correr hay que meter la cabeza y, más tarde, una vez está todo pensado dejar aflorar el corazón e incluso las tripas.

Están los que realizan unos entrenamientos increíbles los jueves pero cuando se trata de los domingos les puede la presión y las ganas de agradar. Yo mismo, de pequeño, no conciliaba el sueño pensando en la carrera del día siguiente.

Están los que tienen por cabeza un avispero cabreado. De ahí es imposible que salga la templanza y la serenidad que debe regir la vida de un corredor. No se visten por los pies.

Están los que tienen una voluntad pusilánime y en donde la falta de autoestima campa por sus fueros. A pesar de sus avances siempre ven la botella medio vacía o agrietada.

Están los tontos motivados ( expresión extraída del formador empresarial Emilio Duró) que dan mucho miedo porque son capaces de cualquier burrada y gorda. También los que son sibaritas o frívolos, de ésos no es el reino de los cielos. Un día porque llueve, otro porque el frío es demoledor. Así no hay manera de ganar batallas.

Están los que, como dice la canción de Facto delafe, «no tengo a donde ir, así que iré a cualquier lugar». Deambulan sin norte o con objetivos nada realistas.

Están los que creen que lo saben todo o que tienen la cabeza demasiado llena de información muchas veces contradictoria. La simplicidad del correr es a lo que deben aspirar cuanto antes.

Están los que se piensan que son especiales, diferentes al resto. Y no se contentan con ser un corredor normal, con días malos y días buenos. Que no pasa nada por tener carencias, que nadie nació aprendido y que en la normalidad radica el éxito de un corredor.

Están los impacientes, los cagaprisas, los que nunca están contentos con nada en la vida y menos con sus registros, los amargados por naturaleza.

Están los perfeccionistas y anancásticos que toleran muy mal los fracasos en sensaciones, marcas u objetivos. Son los que no acaban de creerse que, a veces, hay que dar dos pasos atrás para luego avanzar cuatro.

Están los que meditan todas las cosas y hacen un uso de sus experiencias coherente y provechoso. Ven en todo lecciones y toman buena nota de los errores o de las insinuaciones. Son responsables y metódicos. Pillan el «recado» a la primera.

LAS COSAS TIENEN QUE FLUIR.
Hay momentos en la temporada en la que nos sentimos inmunes a las lesiones, en las que predomina el vigor, las ganas de entrenar. El hambre de «triunfos», el instinto asesino en carrera, las ganas de competir. Si es así y además dormimos como unos benditos, es señal inequívoca de que es el momento. Por favor, esto de entrenar es cosa de SENSACIONES. Ya lo decía Bruce Lee: «Be water my friend».

 

2 comentarios en “Be water my friend

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