El exorcismo del miedo

Comparto con vosotros el correo de un atleta que me mandó el otro día. Me ha dado su permiso para publicarlo. Cuando un deportista es capaz de vivir el deporte de esta manera sólo queda una cosa: disfrutar de él y de su evolución, ¡Es imparable!
«Así me gustaría titular este mail. Ya te lo he advertido esta tarde, este es otro escrito egoísta; un grito de una persona navegando contra sus miedos. Un quejido que sólo entenderá quien haya estado antes en la antesala de la batalla, velando armas; consciente de que no hay más espacio para evitar la contienda…. Queda poco para el maratón, el trabajo comienza ya a estar terminado: no hay nada más que hacer para mejorar las posibilidades de vencer.
 
Hoy he hecho una tirada larga, previa a la ‘gran prueba’ del próximo domingo, la tirada XL. Y esta ha sido una prueba sencilla:  100 minutos a 4´17”. Pero los miedos ya empiezan a llegar, los oigo. Este fin de semana mientras cabalgaba implacablemente por los minutos de la tirada han llamado a la puerta de mi ‘despacho’. En mi cabeza se ha asomado una vocecilla que me decía: «¿Vas bien? No pasa nada, el 27 de Noviembre tengo algo más gordo preparado para ti: mucho más ritmo y más tiempo. Pero bueno, ya lo verás el próximo domingo, tendrás que entrenar 2 horas a 4´00´´min/km; INCONSCIENTE ¡No vas a poder conmigo esta vez!».
 
Soy perro viejo Juan, lo sabes. He estado allí muchas veces, le he mirado a los ojos y le he vencido. Se lo he repetido: “Otra vez con lo mismo, cuantas veces tengo que enseñarte los dientes para que me tomes en serio, querido enemigo”. No le escucho, no miro a los ojos al miedo, quiero ignorarle. Me aferro a mi karma: el trabajo está hecho, palada a palada y pico a pico; tic- tac; tic-tac…
 
En mi otra vida, la profesional, me pagan por conseguir objetivos y cumplir retos. No demuestro miedo, no puedo permitirme mostrar debilidad; sería el fin. Pero esta otra vida, la de la pasión, es diferente. Los objetivos me los exige el que es más duro conmigo: yo mismo. Y este loco es implacable, no admite ninguna desviación en el presupuesto, no tolera retrasos de plazo ni atiende a excusas.
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Los corredores somos tíos muy raros, navegamos el límite, encerrados en nosotros mismos. Nuestra motivación sale de dentro, no necesitamos nada del exterior: ni el reconocimiento de los demás, ni la victoria sobre otros. Sólo superar nuestros límites, buscar la belleza del esfuerzo, vaciar nuestro cuerpo tratando de encontrar nuestra frontera, nos motiva ir a picar piedra a deshora y a destiempo. Qué bonito, y sencillo parece; pero eso es lo jodido, no buscamos nada concreto, no tenemos una meta física. Qué jodienda, nunca la encontraremos!!! Condenados a la eterna búsqueda de la indefinición, en inagotable lucha con los anhelos de uno mismo!! Divina tortura.
 
No voy a dejar que mi debilidad escuche al miedo: sólo voy a atender a los registros cumplidos en los entrenamientos, a las sensaciones de plenitud, a la satisfacción de terminar, a las miradas de confianza de mis compañeros de entrenamiento y a la certeza de que en el camino está el objetivo.
 
No te he mentido, amigo; sólo quería ponerlo por escrito, entenderlo y gestionarlo.»

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