El coste de oportunidad

Esta semana querría hablaros del «coste de oportunidad», término eminentemente económico pero que podríamos aplicar al correr. Con él intentamos cuantificar el valor de la mejor opción no realizada, es decir, aquello a lo que renunciamos cuando tomamos una decisión.

Analizamos nuestras decisiones con el objetivo de obtener la mayor rentabilidad esperada. Supongamos que un domingo por la tarde tenemos la opción de ir al cine con nuestra chica, ver un partido de fútbol compartiendo unas cañas con los amigos, o visitar a algún familiar. Cualquier individuo optaría por la opción que minimice su coste de oportunidad.

Pensamos, equivocadamente, que todo lo que no sea entrenar es una pérdida de tiempo. Amanecemos por la mañana con la imperiosa necesidad de sumar kilómetros. Sea como sea y al precio que cueste.

Cuando los recursos son escasos es cuando más apremiante es la necesidad de tomar decisiones adecuadas. En el día aparecen infinidad de momentos en los que una buena elección es importante. ¿Cuándo me voy a correr? ¿Es bueno que hoy haga series o un trote regenerador?

Tendemos a olvidar los recuerdos negativos. Pero cuando me vienen las imágenes de lesiones largas y tediosas aprovecho para agradecer la suerte de tener salud. Estando en el dique seco podemos pensar que ya no están vigentes los costes de oportunidad y que es un concepto irrelevante para el corredor. Una rotación de sacro en el 2009 me llevó por la calle de la amargura durante dos años. Una fascitis plantar que tardó en curarse 9 meses en el 2006. Momentos todos ellos en los que se me iban consumiendo las motivaciones y las ganas de «vivir». Ahora, con el paso de los años lo veo claro, fueron momentos irrepetibles de crecimiento personal interior porque el dolor (en cualquiera de sus vertientes) favorece el avance. Incluso en las situaciones aparentemente más inaceptables y dolorosas se esconde un bien mayor, y cada desastre lleva en su seno la semilla de la gracia. Nunca sabes lo que va a pasar, hay que ser decididos y pensar en elegir la mejor opción de las posibles.

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La lesión como oportunidad de mejorar, de abrirse a nuevos deportes, de saber esperar y ganar en paciencia.

La vida es un continuo lleno de oportunidades, de bifurcaciones. Los sueños son el motor de vivir y por ellos debiéramos levantarnos por las mañanas. Elegir el sueño correcto siempre será un reto y bienaventurado el que lo encuentre pronto.

Sentir que el coste de oportunidad se minimiza en el momento de realizar una tarea es una sensación que produce mucha alegría. Si no nos sucede muy a menudo cuando corremos es que estamos equivocando el enfoque. Estando en puertas de una competición o de un entrenamiento no deberíamos querer cambiarnos por nadie. Ese es un indicador estupendo de estar donde debemos y con la afición que queremos.

Ya lo decía el sabio: «Cuando te haces amigo del momento presente, te sientes como en casa dondequiera que estés. Si no te sientes cómodo en el Ahora, te sentirás incómodo dondequiera que vayas.»

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