Déjate tocar por la ternura que salva.

No aterrizo habitualmente en el sofá de casa pero el programa de televisión First Dates ha pasado a ser, si se tercia, uno de mis pasatiempos para después de cenar.

Como fenómeno sociológico no tiene desperdicio. Impagable es el espectáculo trágico-cómico del que pretende a la parte contraria pero que, sin embargo, está por otras batallas. Observar la primera reacción química al ver la fachada. Analizar los primeros 20 segundos del encuentro y, más adelante, el lenguaje corporal, los temas de conversación, las líneas rojas, las compatibilidades, las aficiones, la escala de valores, sus maneras de vestir y la correlación o no de las mentes con su edad biológica. Sin duda hay una labor previa de casting que marca totalmente este reality para bien o para mal..

Es complicado que aparezca la ternura en esas primeras citas porque les falta la frescura de la intimidad y el estímulo del conocimiento mutuo y la complicidad. Igual nos pudo pasar cuando nos enfrentamos por primera vez a esto de correr. Ni nos conocíamos, ni conocíamos realmente la dimensión de la oponente a la que conquistar.

Considera cada trote, cada salida, como si fuera la última oportunidad que tienes para enamorar a tu bella pareja. Trátala con ternura. No la intentes mentir, te descubrirá. No tengas prisa, tendrás infinitas ocasiones para intimar.

Será tu compañera fiel aunque la engañes, te perdonará siempre y te esperará en su alcoba dispuesta a complacerte. Territorio neutro en el que poder dar rienda suelta a las confidencias. Bandera blanca de rendición, entrega y confianza mutua.

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¿Desde cuando un trote no puede hacerse con cariño?

Llevo años tratándote y creo que te conozco bien. Te he cortejado con más o menos arte, con más o menos ciencia. Después de tantos ratos de conversación ha surgido la ternura, la nuestra. Un lenguaje que sólo tú y yo conocemos. Me lo has dado todo sin tú saberlo. Me abrazas, me besas sin pedírtelo. Entiendes mis silencios, conoces mis secretos.

Si quieres conocerme, querido lector, habla con ella. Ha presenciado mis vaivenes ¿Cómo me describiría? ¿Qué adornos me salvarían de morir de tu olvido? ¿Por qué tu mente me conservará para siempre?

Salir con ella es mi momento. Cuando me siento solo o estoy de bajón me sumerjo en sus besos. Su ternura alumbra mis movimientos y nuestros diálogos son fluidos, amenos e ingeniosos. Me rodeo de su sensualidad y de sus curvas. Los colores anaranjados y la placidez con los que premias un trote bien hecho, la sincronía de la melodía del mp3 junto con la respiración jadeante y rítmica de mi cuerpo. Mi mundo actual tiene demasiadas esquinas afiladas y por eso ansío tanto tus suaves contornos de feminidad.

Quiero rodearme de ternura. Contigo estoy a salvo del sufrimiento de esta vida. A ti me agarro hasta que, después de la ducha, empiezo de nuevo la batalla por la supervivencia. El dolor que experimento contigo al correr me salva del sufrimiento del vivir y me prepara para relativizar lo que de verdad tiene que ser motivo de preocupación. Contigo empequeñecen los problemas y la fatiga que me das me fortalece.

En cada trote me miras comprensiva. Me aportas la confianza que pude perder en los avatares del vivir. Me conoces bien y, quizá por eso, no me juzgas. Cuando estoy a solas contigo por los caminos estoy a salvo del horror de este mundo. No me alejes de ti, quiero estar a tu altura.

2 comentarios en “Déjate tocar por la ternura que salva.

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