Vivir demasiado en la zona de confort

El entrenador australiano Percy Cerutty afirmaba que “Sólo crecemos como seres humanos si salimos de nuestra zona de confort.” Por lo tanto no es posible pensar que llegaremos al lugar que queremos llegar haciendo lo justo y necesario y estando inmersos en la misma rutina de siempre. Si quieres mejorar como corredor tendrás que, más pronto o más tarde, enfrentarte al dolor que supone ir más allá de tus iniciales y acostumbrados límites porque eso de correr sin aplicar estímulos novedosos y agresivos nunca te llevará a registros antes ni siquiera hubieras soñado.

Salir de la zona de confort te puede asustar o producir ansiedad, pero plántale cara al miedo y verás que no era para tanto. Sentir inseguridad es algo natural e incluso nos advierte de que no será fácil el camino. Pero cuando el miedo te inmoviliza, se convierte en un problema que no te va a dejar desarrollar tu verdadero potencial.

Dar los pasos necesarios para conseguir tus objetivos tendrá efectos positivos en tus creencias de autoeficacia (o autoconfianza), es decir, en la percepción que tengas sobre si serás capaz de alcanzar tus metas. De jóvenes somos más propensos a arriesgarnos, pero a medida que nos hacemos mayores aprendemos a temer al fracaso, pudiendo llegar a la paralización (¿conoces la “parálisis del análisis”?).

El estrés puede activarnos pero vivir estresado genera sentimientos de descontrol, de saturación y de no ser capaz de afrontar el día a día. La vida se vuelve demasiado dura, grande y pesada y se pierde la capacidad de disfrute. Esto es así porque el estrés es mecanismo que nos ayuda a centrar todos nos esfuerzos ante una situación difícil, activando nuestro sistema circulatorio, respiratorio o los músculos, pero desactivando, para compensar el esfuerzo, el aparato reproductor, el sistema inmune y el sistema digestivo. Es por todo ello que no hacer una gestión del estrés que produce una situación complicada que si alarga en el tiempo puede acarrear problemas relacionados con enfermedades del corazón, contracciones o lesiones musculares, problemas respiratorios, problemas para dormir, problemas sexuales, problemas para concebir, problemas digestivos y relacionados con la comida, o diferentes enfermedades al quedarse el sistema inmune al descubierto.

Piensa en tu estilo de hacer las cosas… y actúa en el sentido opuesto. Busca cambios materiales en las cosas que te rodean: Anímate a cambiar tu manera de vestir o la decoración de tu casa, muévete por entornos distintos y, por supuesto, viaja todo lo que puedas o incluso vete a vivir a otro lugar, aunque sea durante un tiempo.  Anticipa todas las excusas que te vas a poner. ¿No te gusta hablar con la gente? Oblígate a hacerlo, aunque el cuerpo no te lo pida. Dale una oportunidad a tu faceta espiritual:¿Conoces los beneficios de la meditación? Hay hábitos que consiguen mejorar nuestro estado de ánimo y nos liberan de muchas creencias que nos anclan en nuestra zona de confort. Desarrollar un yo espiritual es una de las maneras más prácticas de conseguir un bienestar emocional capaz de acabar con la vida rutinaria.

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