Maratón de Zaragoza, 2 abril 2017

Cuatro días antes de la maratón expuse públicamente mis pensamientos y sensaciones a través del facebook. Pudo parecer que me ponía la venda antes de que se produjera la herida y que además exponía pública e innecesariamente unas interioridades que  me debilitaban. A mis años y una vez que analicé el “para qué” lo escribía hizo que me importara un bledo:

Estamos a miércoles. Vengo de hacer las series previas preparatorias para la Maratón de Zaragoza del domingo y se me han saltado las lágrimas en la última repetición. Será que llevo 3 días sin ingerir hidratos de carbono, será que el ánimo se debilita sin azúcar en sangre. Será que el reciente masaje me ha dejado la musculatura sin tono.
Siempre es así, la última semana, la de las dudas y las oscuras sombras. Infierno infranqueable que asusta. 42 kms de incertidumbre por delante. Los maratonianos andamos merodeando con demasiada frecuencia la zona de no-confort que tanto agobia porque se dice que es preferible una vida apasionada a otra que sólo sea acomodada y a eso nos aferramos aunque joda.

Pero sé que estoy bien. Los 64.2 kgs de la báscula lo explican bien a las claras. He entrenado duro para la cita. 83-117-100-124-74-104-58 y 40 kms en las últimas 8 semanas. El objetivo del año está ya al alcance de la mano.
Hoy he llorado porque anímicamente estoy destrozado. Quedan 3 días para remontar y sé que lo haré. La cabeza no me ha de fallar, las emociones tras cruzar la línea de meta, hasta entonces la ilusión por las nubes. Me gusta correr. Es la manera que tengo de decirle a la vida: “te quiero”.

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Ha pasado una semana de estas palabras, ya la he corrido y puedo decir que ha sido una maratón especial, todas lo son y todas lo serán. En este caso porque tenía tirar de oficio, hacer paréntesis y centrarme en la tarea. Porque no es fácil lidiar con la vida y que no te salpique a la cara. Porque el dolor con dolor se saca. Si eres corredor me entenderás perfectamente.

Allá por el kilómetro 9. Tirando del grupo con el viento a favor.

Esta Maratón ha sido la 5ª en un año. Empecé el 10 de abril de 2016 en Rotherdam, luego fue la maratón cumpleañera (45 kilómetros) el 13 de julio, la tercera haciendo labor de liebre de 3 h 15 min el 25 de septiembre de 2016 en Zaragoza, luego la maratón de Valencia del 20 de Noviembre (2.50) y la del domingo pasado en Zaragoza (2.47). La temporada ha sido larga pero creo que muy bien planificada. A eso me dedico y a ello aplico mis conocimientos y experiencia. La infalibilidad no es patrimonio de un entrenador, vivimos de sortear lesiones estando al límite de nuestras capacidades. Y este año he sido bendecido.

Tomando el segundo gel en el km 21. Los 4 geles los llevaba guardados en los guantes, en la palma y el dorso de las manos.

He de dar muchas gracias por los incesantes ánimos del público. Esto de ser conocido es algo que no acabo de digerir del todo. Me cuesta ser consciente del cariño. En un momento dado me dirigí al grupo de 6 corredores y les dije que todos los “juanes” que oyeran se los distribuyeran a partes iguales. Me sabía mal acaparar los gritos nominales.

Ahora toca un merecido descanso. Un mes de trotes fáciles y de pocas series. Hay que respetar los descansos. Apetece seguir sacando agua del pozo aparentemente inacabable de la forma física. Me obligaré a parar y coger el impulso necesario para volver con renovadas fuerzas.

Hidratándome. A pesar del viento y la poca sensación de calor, es fundamental beber adecuadamente.

 

 

Kilómetro 25. La marca final hay que pelearla en estos kilómetros favorables y de bajada. Gracias José Alvarez Ollero por tu compañía y tu generosidad en toda la carrera.

Los pasos intermedios según lo previsto:       39.26 en los 10k,    1.23.19 la media maratón,       1.58.09 los 30 kms.

Hice mis cálculos. Si corría los últimos 12 kilómetros en 52 minutos (a 4.20 por kilómetro)  bajaría de las 2 horas 50 min. Eso me animaba y me aflojaba las penas. El ritmo medio de 3.58 por kilómetro que llevaba en esos momentos no tenía visos de que fuera a comprometerse.

 

Puente de Hierro. Kilómetro 38.5. En el km 39 tuve que parar a estirar, el isquio derecho me soltó un latigazo que me tuvo muy asustado durante unos segundos y que el reflex del patinador nada pudo solucionar. Con tiento hasta la meta negociando con la contractura.

¿Es posible un atletismo sin dolor? ¿Por qué, a veces, buscamos la gloria intentando esquivar el sufrimiento? Son las dos caras de una misma moneda: sin sufrimiento no hay recompensa.

Kilómetro 40. Noel Goñi dándome el último empujón antes de introducirme en la salvadora calle de San Vicente de Paúl. Olía a meta, a Semana Santa de pasión esperanzada.

Ultimo giro a 80 metros de la meta. Explosión de júbilo al confirmar que bajaba de las 2 horas y 48 minutos. Es el momento de la emoción. Bienvenida siempre, cómo te disfruto.

El pensamiento de “Lo hice”, de “Me lo merezco”, de “Juan, tú vales mucho”, unida a muchos otros que me reservo para mi. Rabia emocionada, alivio por haber sobrevivido dignamente a la batalla.

Tiempo neto 2.47.20. Quedan lejanas las marcas de 2.36 de hace 10 años. Disfrutar del presente y olvidar, lo antes posible, el pasado, ¡Cómo me cuesta!

Puesto 16 de la clasificación general, 150 pulsaciones medias, 66 de VOMáx, datos que sirven para cuantificar el esfuerzo, el grado de forma física y el nivel de la maratón de Zaragoza. Pero sólo eso sería quedarse en la superficie. Una maratón es mucho más que eso.

Abrazado a Mariano Navascués. El speaker, gran conocedor de lo que es una maratón y de la condición humana, estuvo recogiendo los despojos de un cuerpo maltratado pero con un alma purificada por el esfuerzo en un interminable abrazo.

Saludando a amigos y conocidos. Volviendo poco a poco a la normalidad del día a día. La vida sigue y habrá más batallas.

Gracias a Ana Urrea, Silvia MajarenasFran Guajardo, Alfredo Sánchez-Rubio, Noemi Rabinal, Miguel Temprado y Carlos Barrio por las impagables fotos.

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9 comentarios en “Maratón de Zaragoza, 2 abril 2017

  1. Enhorabuena de nuevo Juan, ya sabes, lo importante no son los años que tienes si no cómo los has vivido. Cuando llegas a la cima ves otra y vas a por ella y te planteas otro objetivo. Estoy contigo, hay carreras mas largas, mas cortas, mas duras, pero el maratón tiene algo especial, algo que hace que ninguno sea igual al siguiente. Un abrazo.

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