Domingo, dime qué haces y te diré lo que eres.

Tus obligaciones familiares y laborales no te definen del todo. Te vienen impuestas y te son necesarias porque te centran. Tus raíces y tu sustento muestran mucho de ti, pero no todo. Un asunto es el negocio y otra tu ocio.

San Agustín dijo: “Un hombre es lo que ama (y no tanto lo que piensa)”.

Lo que explica más a las claras lo que uno es, es a qué asuntos nos dedicamos en nuestras horas de asueto. La libertad del ser humano es su más genuino atributo. He conocido personas que miran al domingo con terror. Les agobia la ausencia de obligaciones y el exceso de libertad. No saben cómo llenar con provecho su tiempo. Tienen que aprender urgentemente a descansar estando consigo mismos sin necesidad de estímulos exteriores.

Será que les agobia el silencio y por ello no pueden ser felices. Porque, lo leí el otro día, sin espacio para el silencio no puedes ser feliz. Y, es una opinión muy extendida entre los corredores, correr hace de lavadora y por tanto de momento único del día en el que el no pensar nos instala felizmente en el presente. Hace tiempo que llegué a la feliz conclusión de que el correr era un excelente vehículo para empoderar al hombre y a la mujer. El sencillo gesto de poner un pie delante del otro nos podía cambiar la vida para siempre.

¿Qué haces un domingo? Hablamos de una media ponderada de los 52 domingos del año….

¿Sales a correr sin falta, sabiendo que aunque cuesta es la mejor manera de empezar ese día?¿Duermes habitualmente los excesos del sábado por la noche? ¿Madrugas para hacer una excursión familiar? ¿Das un paseo con la mujer o el marido? ¿Aprovechas para recuperar sueño acumulado de la semana? ¿Siempre sacas tiempo para un vermut antes de la comida? ¿Vas a la Santa Misa? ¿Cocinas para toda la familia? ¿Lees el periódico y el suplemento con calma? ¿Echas la siesta en el sofá o en la cama?

Todas estas actividades se pueden hacer por convencionalismo. Podríamos ir a correr porque hemos quedado con los amigos, podríamos comer con los suegros por no disgustar a la pareja,,…. si fuese así al final acabarías por abandonar esa práctica, o bien, si perseverases intentando poner todo el amor posible estarías demostrando estar por encima de apetencias, del qué dirán,… de toda esa mierda que nos hace obrar sin una intención sincera.

La verdadera libertad empieza por dejar marchar todas las nimiedades que inventa tu mente. ¿Quieres ser realmente libre? Vende todo lo que no necesitas, paga tus deudas y haz lo que amas.

El otro día un amigo me hablaba de la diferencia que había entre la “buena vida” y la “vida buena”. No sé lo que me quiso decir, aunque bien pensado creo que ya lo voy entendiendo… Lo que nos descansa nos explica mejor que lo que hacemos por obligación.

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