¿Diferencias entre molestia y dolor?

Si corremos por un reto personal podemos tener un problema porque cuando fallamos o nos lesionamos, sentimos que no hemos cumplido y pensamos que hemos tirado por la borda todo el tiempo y esfuerzos invertidos durante los meses de entrenamiento. Nos cuesta convivir con la idea de fallarnos a nosotros mismos.

Los corredores creemos equivocadamente que abandonar una prueba es dar la razón a quien nos dijo que no podríamos y que eso de alguna forma te etiqueta como poco capaz, poco preparado, que has sobreestimado tus recursos y no has estado a la altura. Todo o nada. Esta idea es fruto de unas expectativas equivocadas, basadas en el resultado y no en el rendimiento. Tenemos que fomentar la satisfacción por entrenar, por ser coherente con valores como la disciplina, los hábitos de vida saludables, tener un orden en la vida, saber priorizar, no solo vale llegar a la meta. Y lo más importante, el disfrute. Si no llegar supone una insatisfacción tan grande como para priorizar la lesión por encima de tu salud, no estás disfrutando del camino.

Entre la salud (entendida como 100 % plenitud) y la lesión (que nos inhabilita para salir a correr),  hay un gran espacio. ¿Podremos añadir, por tanto, una tercera categoría tan amplia como lo son las sensaciones de molestia que se derivan de correr?  Salud, lesión y «molestia» ¿Cómo aprender a diferenciar la molestia del dolor?

Para el corredor iniciado es una pregunta difícil de responder. Imperar o bien el miedo o bien la irresponsabilidad. La falta de experiencia nos hace tomar una decisión incorrecta por excesivamente atrevida o por ser demasiado conservador.  Será que llevo muchas temporadas gastando zapatillas y he acabado por diferenciar rápidamente lo que es molestia, y no me impide entrenar, de lo que es un dolor que hace que parar sea la mejor manera de entrenar. Ser hipocondríaco para mí es impensable.

¿Cómo contarte lo que experimenté durante tantos años y tantas veces? A día de hoy calibro mis sensaciones a diario y determino si lo que siento después del entreno de cada día es motivo de preocupación o de advertencia. Después de conversar largamente con infinidad de fisioterapeutas he llegado a la conclusión de que el «no correr»  no necesariamente cura nada y que el reposo relativo es de obligado cumplimiento aunque seamos simples populares.

Me baso en sensaciones anteriores, en la manera de proceder más adecuada para acortar los plazos si algo molesta. Utilizo un trote  suave para analizar la evolución, adapto a mis molestias el entrenamiento suave que impida empeorar la situación. Escucho a mi cuerpo y lo mimo. Analizo y actúo. Pienso si salir a correr va a ser contraproducente o por el contrario una manera de movilizar las células y recuperarme antes.

¿Cuándo salir a correr no se convierte en un retroceso? Sólo el sentido común y una reflexión nada condicionada tendrán la respuesta  ¿Es necesario salir a correr para evaluar el progreso durante la curación de una lesión?  Si, hemos de testear para sacar datos y ver si estamos adelantando en vez de retrocediendo.

¡La de veces que hay que entrenar o competir sin tener toda la salud necesaria para poder decir que estás al 100 %!

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