“La milla perfecta” de Neal Bascomb

Acabo de leer una novela histórica apabullante.

Ambientada en los años 50 del siglo pasado, década de blanco y negro y con un predominio del mundo anglosajón tras la segunda guerra mundial. El autor hace una magnífica labor de documentación e investigación, respeta lo seguro, admite lo probable, da carta de naturaleza a lo posible y, justo antes de lo directamente excluido, descarta lo imposible, territorio donde no quiere moverse bajo ningún concepto. Publicada en el 2001, aparece ahora traducida para disfrute de los castellanohablantes

El Everest del atletismo. Así se consideró la proeza de bajar de 4 minutos en la milla (1609 metros). El primer ser humano que lo consiguiera iba a reposar para siempre en los libros de historia. Un año antes, el 29 de mayo de 1953, Edmund Hillary y Tenzing Norgay habían ascendido los 8848 metros del monte Everest. Años gloriosos para el Imperio británico.

El entusiasmo, la entrega y la concentración de tres atletas que en 1954 estaban en condiciones de superar una barrera psicológica que antaño se antojaba impensable. Uno de ellos se llevó la gloria: el británico Roger Bannister, dirigido en su última etapa por Franz Stampfl, en la tarde del 6 de mayo de 1954 conseguía en la pista de Iffley Road de la Universidad de Oxford, gracias a la ayuda inestimable de sus amigos Chris Chataway y Chis Brasher que le hicieron de liebres, un registro de 3.59.4 que, a pesar de ser batido dos semanas después, quedará como la primera vez que una milla se había corrido con una cifra que empezaba por 3.

El libro hace justicia también, y sobre todo, a los atletas John Landy y Wer Santee. Gracias a ellos, en la lejanía de Melbourne (Australia) y de Kansas (Usa) también entrenaban duro en pos del mismo objetivo a las órdenes de Percy Cerutty y de Bill Easton respectivamente. El autor del libro hace una descripción magnífica de cada uno de los entrenadores con sus virtudes y defectos, era una época con un seguimiento masivo de este deporte y estadios repletos de público entusiasta.

Había poco rédito económico y el amauterismo debía estar fuera de toda duda. Las reglas del juego eran de obligado cumplimiento para todos y por ello, sin la mancha que provoca el dinero, el romanticismo de lo hecho por uno mismo con la única recompensa del honor nos sacude página a página y nos invita a parecernos a ellos.

Portada del libro

 

 

“Un hombre que se propone llegar a ser un artista de la milla se parece al que quiere descubrir el método más elegante para su ahorcamiento. Por muy lógicos que sean sus planes, no los podrá llevar a cabo sin sufrimiento físico” escribió Paul O´Neil, “A man conquers himself”. Sports Illustrated, 31 de mayo de 1956.

El arte de correr a través de la virtud de sufrir, eso precisamente experimentas página a página de este libro histórico. Quien ama correr ha de mostrarlo en la renuncia pues así, renunciando, es como se obtiene lo mejor de lo amado. Si quieres pasar de la momentánea categoría de runner a la de corredor eterno ésta es tu oportunidad: bebe de las fuentes, métete en la piel de los que cruzaron las fronteras que, aunque lejanas en el tiempo y en tus capacidades, han permitido aumentar la admiración del hombre por los logros de sus semejantes y no ponerse límites.

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