Los números, señal inequívoca de amor

En una semana celebraremos la fiesta de San Valentín, una festividad incrustada en el crudo invierno y que sin embargo caldea el ambiente gracias al amor. El enamorado se pliega a esta cita sin apenas esfuerzo y el que no lo está la soporta con la mejor de sus sonrisas.

El amor tiene una relación directa con los números. Se manifiesta, por ejemplo, al acordarnos de la fecha de cumpleaños de la amada, del aniversario de bodas o del día en el que nos dimos el primer beso. La contabilidad tiene mucho que ver con el cariño que depositamos en las personas o actividades que realmente nos llenan. El enamorado considera una conquista cualquier mínimo atisbo de cercanía o frecuencia, ya sea por el número de whatsapps recibidos o por los centímetros de cercanía (proxémica se llama) que hace que la distancia entre ambos pase de personal a íntima. El corredor suma kilómetros, mide tiempos, registra cualquier dato que pueda darle pistas sobre el amor enfermizo que siente por su trotes, rodajes y series.

“Desde que aprendí a andar me gusta correr” dijo Friedrich Nietzsche. ¿Te podrías adjudicar esta frase? ¿Eres sólo un runner o aspiras además a ser un corredor? Una de las diferencias que veo entre ambos es que se nos echa en cara a los corredores la obsesión por las marcas y por la contabilidad. Jugamos con los números que se refieren al tiempo y los asociamos a los que indican distancias. ¿Sabes interpretar los récords del mundo y los relacionas con tus guarismos? Experimentas en carne propia la dificultad de correr a 2.50 por kilómetro o de saltar 6 metros en longitud, por poner unos ejemplos. El runner no entiende que el corredor vive por y para su amada, le parece que está inmerso en una peligrosa enfermedad llamada correr.

Cuando corremos forzamos el límite de nuestras propias posibilidades y nos sumergimos en un verdadero conocimiento del cuerpo y de la mente. La carrera a pie dota de trazos a la escritura corpórea que hace que todo sea posible. El cansancio absoluto anula las diferencias e iguala a las personas, se derriban muros de todo tipo, personales, sociales y culturales. La carrera es un arte que no utiliza lienzos o una escritura que no necesita palabras. El cuerpo del hombre consigue decir todo lo que tiene que decir y que no es poco.

Quien ama está en inferioridad de condiciones sobre su amado y se da perfecta cuenta del infinito poder que le otorga gracias a su amor infinito. El que ama busca la sorpresa, se mueve por detalles nimios que muestren lo importante que es para uno. Cada entrenamiento es una nueva sorpresa y así como el amor empieza en el momento en que una mujer u hombre inscribe su primera palabra en nuestra memoria poética (el amor empieza por un metáfora), también el atletismo es poesía. Si por la noche sueño, sueño que soy maratoniano. La vida humana acontece sólo una vez y nunca puedes averiguar cuáles de tus decisiones fueron correctas y cuáles incorrectas. Sólo pudiste decidir una vez y no te ha sido dada una segunda, una tercera o una cuarta vida para comparar las distintas decisiones. Decidí, gracias a Dios, amar la carrera desde bien pequeño y di en el blanco.

Todos ansiamos unos brazos que tengan la capacidad de ponernos “a salvo”. Cuando los miedos aflojan la existencia y la vida nos deja desnudos, queremos que nos aprieten fuerte y sin duda cuando corro lo hacen..

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