¿Cuánto estás dispuesto a sufrir?

Hoy, inmersos de lleno en el miércoles de la Semana Santa, te pondré esta frase para que pensemos sobre ella: “Dime cómo te llevas con el dolor y te diré quién eres”, así se las gastaba en 1934 el filósofo alemán Ernst Jünger. Para él el dolor era parte intrínseca del vivir. Si vives, te va a doler y no te empeñes, por favor, en intentar escaparte. Pero, a la vez y es perfectamente compatible, se te va a representar ese dolor como si fuera la peste y tratarás de evitarlo. Este uno de los dos aspectos que nos diferencian del reino animal: nuestra racionalidad por un lado y también, de manera indisoluble, la aceptación alegre del dolor físico y moral.

La frase “Si me canso, me aguanto” resuena con más frecuencia de la que pensamos en nuestra mente de corredor. He ahí el talante que debiéramos tener frente a la inconsciente e inmediata frustración que sentimos cuando nos relacionamos con el dolor. Cuando educamos a nuestros hijos para que tengan tolerancia al fracaso les decimos que encajen las momentáneas derrotas (el dolor parece una de ellas) en pos de una victoria global y superior. Pero nos cuesta aplicarnos el cuento hasta el final y para todo.

Una sociedad que tenga por lema el “Si me canso, me paro” será tan solo una masa informe de voluntades de medio pelo, abocada a la frustración.

No hay nada fácil, ni en la vida ni en el deporte….está claro que el sufrimiento te prepara para las metas más altas. El dolor es como el agua y adopta la forma que previamente hayamos decidido que tenga. En sí el dolor es informe. Un corredor experimentado lo saborea en cada uno de sus entrenamientos exigentes, en cada una de sus competiciones. El dolor forma parte de su esencia. Y lo abraza con cariño, dejando la resignación para el runner que no ama cada uno de los metros que recorre.

En esto consiste la vida, la deportiva y la otra. Hay que seguir adelante aunque duela. Tal vez, especialmente cuando duela. El corredor experimenta que el dolor le purifica y que ya no es el mismo cuando regresa de él indemne y más fortalecido. Incluso podrías llegar a decir como aquel: “Si no sufro un poco cada día, me siento culpable” y no por eso pensar que eres masoquista, lo haces por algo que te trasciende y te eleva, tira de ti hacia arriba. Dicen que se llama Amor. Eso dicen…

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