Decibelios

Entreno habitualmente con música si no tengo la suerte de ir acompañado.

El mp3 me transporta a playas tranquilas, bucólicos montes y situaciones o pensamientos disparatados pero posibles. Cuando suena el compás, se aplacan mis sentidos y se provocan otros, los de dentro.

Cuando llevo auriculares no me escucho pero sé que hago poco ruido al correr.

Las pisadas intento que sean breves, como si quemara el suelo. Los apoyos, sutiles pero reactivos. ¿Esto es posible? ¿Lo sutil y lo reactivo casan bien? Quizá, ya te lo adelanto, en esa combinación esté el secreto del silencio del correr.

Correr -por contarlo esquemáticamente- tiene cuatro fases: Contacto, sostén, impulso y vuelo. ¿Te has planteado el porqué de tu excesivo ruido al contactar con el suelo? Podrías pensar que es porque pesas mucho, o porque tus zapatillas son ruidosas, o porque el terreno por el que transitas genera el ruido. Mil excusas con tal de esquivar el problema fundamental y sus consecuencias nocivas.

Imagínate que las piernas no son del cuerpo. Lo que tenemos que desplazar es únicamente el tronco. No corras sentado porque tu centro de masas estará bajo. ¿Qué es el centro de masas? ¿Dónde se ubica? El centro de masas es (depende de tu altura y tu peso y por tanto es variable en cada persona) ese lugar que está a la altura del ombligo, justo en el medio de tu altura y de tu peso. Tu centro. Elevar el cm (centro de masas) lo conseguirías subiendo el ombligo tan solo unos pocos milímetros con respecto al suelo. ¿Por qué nos cuesta ir elevados? Porque requiere de fuerza, esa fuerza sutil que hace que corras compacto.

La compactación que necesitamos al correr reside en nuestro tronco. Lo llamamos CORE (núcleo) y si lo trabajamos correremos como si fuéramos un/a modelo desfilando por la pasarela con andares firmes y altivos. Correr tiene más de modelaje de lo que puedas imaginar. Las abdominales y lumbares de una persona que desfila -y todavía más en un corredor- deben de ser de acero.

Intenta tirar del suelo, por favor no lo empujes. Da un zarpazo pero sólo raspando el suelo. No provoques un terremoto. No despiertes al bebé que acaba de conciliar el sueño. No pongas en alerta al vecindario si pretendes robar en el silencio de la noche. Todos estos ejemplos te pueden servir para, de una vez por todas, hacer el menor ruido posible.

Posibles causas del porqué haces ruido:

  1. Por una pisada desigual o asimétrica. Tener una pierna más débil que la otra. Tener un especial acortamiento muscular en un pierna.
  2. Por falta de movilidad del tobillo. El pie rígido es causa de un golpeo especialmente violento contra el suelo.
  3. Por ir sentados.
  4. Por falta de fuerza en parte posterior de la pierna: glúteos, isquios, soleos o  planta del pie.

El ruido es un excelente chivato de si corres bien o no. Céntrate en ser silencioso. Tus articulaciones y tu musculatura te lo agradecerán. Tus lesiones irán a menos. Vigila el ruido, es tu mejor aliado.

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