Las 24 horas en cifras

Me resistía a poner en negro sobre blanco los datos concretos de una prueba que probablemente NUNCA hagas. Sin embargo, después de pensarlo un poco, me pareció interesante que veas la importancia de los pequeños detalles en una disciplina tan grande.

Para estar 24 horas corriendo tienes que fijarte en la climatología y en sus consecuencias de frío -abrigo- y calor -ampollas-. Has de mirar de frente a la fisiología, la tuya propia, porque si no conoces cómo funciona tu cuerpo en movimiento te será imposible avanzar sin gasolina por tener el estómago cerrado. Tampoco desprecies tu psicología porque el factor mental es determinante, no en vano la pista de atletismo donde corrí tiene solo 200 metros. Y también, aunque te parezca inapropiada, la dimensión espiritual, ya que la vida es lo que te va pasando mientras haces otros planes.

Di 861 vueltas, lo que vienen a ser 172,2 Kilómetros (la distancia que hay, por ejemplo, de Zaragoza a Pamplona). Cada hora cambiaba de sentido para distribuir el trabajo entre las dos rodillas.

La temperatura osciló entre los 25 grados de máxima y los 6 grados de mínima. Hice 6 cambios de vestuario y 4 veces de calcetines. Usé las mismas zapatillas en todo momento. En la tarde del sábado, cuando el calor llegó a su punto álgido, metí los pies en un barreño de agua con cubitos de hielo para bajar la temperatura y minimizar las ampollas.

Antes de salir de casa me pesé: 65.0 kilos. Después de las 24 horas sólo había perdido 1.700 gramos, 63.3 kilos. Gasté cerca de 12.000 calorías.

Bebí 12 litros de líquido  + 2 tazas de café + 1 litro de coca-cola + sales (boi-k aspártico)

Comí pasta, arroz, nocilla, paté, tortilla, patata, pollo, membrillo y papilla bebé. Era cuestión de muchos pocos bocados, ya que el ser humano sólo puede convertir en energía eficaz unas 500 calorías por hora de ejercicio aeróbico.

Recibí 8 masajes. Fueron breves y eficaces. Alguno de ellos representaban más un refuerzo mental y de acompañamiento que realmente una necesidad física.

Se establecieron 8 turnos – de 3 horas cada uno- asignando a tres de mis atletas la tarea de estar pendientes de mis necesidades básicas (comer, beber, evacuar, abrigo,….). Hice de vientre 2 veces, teniendo que desviarme para hacerlo. Esa vuelta era idéntica al resto a efectos de distancia recorrida (200 metros) a pesar de tener que hacer más metros (calculo que unos 50). Hice pis unas 30 veces en la carpa a pie de pista en un recipiente. Muy pendientes de comprobar que el color fuera claro, indicador infalible de no estar deshidratado.

Jueces de la Federación Aragonesa de Atletismo se turnaban cada 4 horas en equipos de 2 para certificar el número de vueltas.

Pasé las primeras 211 vueltas (o lo que es lo mismo, la primera maratón de las cuatro seguidas que al final hice) en 3 horas y 58 minutos. Era incapaz de ir más lento y os aseguro que me esforcé.

La noche fue criminal. Me lo había dicho Jesús Gómez (experto ultrafondista y poseedor del récord de aragón en pista de 400 metros con 193 Kms) y no sabéis lo importante que fue para mí su presencia en el Colegio Montearagón. Era la única persona de las presentes que había pasado por lo mismo que yo estaba pasando. Sus tranquilizadoras palabras y consejos eran lo que necesitaba. La ciencia, la experiencia y el amor se unían para que dar vueltas fuera un objetivo posible y esperanzado. Trocear las 24 horas y ponerse metas a corto plazo era muy necesario. Al principio corría 3 vueltas y andaba 1, luego corrí 2 y anduve 2, finalmente corrí 1 y andaba 3 vueltas. Al final, antes del amanecer, estaba andando tan rápido como podía.

El valor de una persona se podría calcular sumando sus conocimientos (c) y experiencias o habilidades (h). Esa suma habría que multiplicarla por la actitud (a). En estas 24 horas la actitud ha sido muy alta. Vales lo que vale tu actitud, sin duda.

Quizá por eso la recuperación ha sido sorpresivamente buena. No en vano, a los 15 días, pude correr la maratón de Zaragoza acompañando a tres de mis atletas en 3 horas y 18 minutos.

Las probabilidades de éxito en las 24 horas no sabría decir cuales eran antes de empezar, quizá un 20%. Sólo sé que fueron bajando a lo largo de la noche pero siempre quedó un hilillo de esperanza y a él me aferré con fuerza cuando amaneció. ¿En qué iba pensando? No tengo ni idea…

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