Soñar alto, trabajar duro y permanecer humildes

Los que me conocéis, sabéis bien de mi trabajada facilidad para quedarme ensimismado pensando de manera sintética y analítica. Analizo lo que pasa por mi cabeza (pensamientos), por mis manos (acciones u omisiones) y por mi lengua (palabras) para después hacer mis resúmenes y mis simplificaciones. Menos mal que lo hago pocas veces al día y que, una vez hecho, o bien lo pongo por escrito en mis muchas pequeñas anotaciones o bien lo aparco definitivamente para -vaciado- descansar por las noches.

En esa revisión de mis quehaceres diarios se ha fundamentado la sensación que tengo este año de haber llegado, haciendo malabáricos equilibrios, a casi todo. Qué suerte tener los días atareados. Aprovechar las 24 horas del día sin transmitir sensación de agobio es una habilidad para la que nunca estaremos del todo preparados y tendremos que esmerarnos siempre.

El otro día oí una frase que -aunque dicha en otro contexto- venía al pelo para el corredor que desease perseverar en el empeño de seguir siéndolo a pesar de los obstáculos que nos encontramos en la sociedad del siglo XXI y que hacen por engullirnos fácilmente en las prisas, en lo superficial, en el ruido y en las distracciones. Decía así. “SOÑAR ALTO, TRABAJAR DURO Y PERMANECER HUMILDES”. Claro, conciso, concreto y completo.

Si quieres tener una longeva vida deportiva y ser fiel a la manera de vivir y sentir que tiene un corredor, tendrás que acometer tres tareas que van intrínsecamente unidas porque una es consecuencia de las otras dos:

  1. SOÑAR ALTO. ¿Acudo con frecuencia a los resortes que hicieron que en su día empezara a correr y los actualizo? ¿Vivo de metas realistas y pongo los medios para llevarlas a buen puerto? ¿Soy consciente de que lo bueno cuesta y se hace esperar?¿Estoy convencido de que el éxito no se mide por las marcas que tengo sino por mi manera de ser cuando corro? ¿Soy consciente de la belleza que emanan mis zancadas?
  2. TRABAJAR DURO. ¿Soy constante en los entrenamientos? ¿Tengo paciencia  y no rebajo las metas? ¿Vivo de quejas y de excusas o por el contrario me resisto a tener una vida blanda y acomodada? ¿Me pongo como norma metas a corto, concretas, realizables, retadoras y fácilmente medibles? ¿No me desanimo a la primera de cambio? ¿Acepto el dolor e incluso me alegro cuando llega por ser síntoma de compromiso?
  3. PERMANECER HUMILDES. ¿Si corremos cada día menos lo aceptamos con deportividad? Si tengo una mala competición ¿Perdemos la ilusión o retomamos los entrenamientos con más fuerza? Al lesionarnos ¿Ponemos los medios rápidamente para salir del hoyo? ¿Nos alegramos de la buena marca o el buen puesto del compañero de entrenamientos?

Somos “grandeza en potencia”. Desde el más rápido al más lento, siempre dentro de las posibilidades y los compromisos que cada uno adopte. Las grandes metas, las ilusiones, han de poseer el aroma de  lo que está por llegar y será mejor que mi presente. Y también el aceptar con humildad que cada día que pasa eres -lo digo sobre todo a los que superamos los 40 tacos ampliamente-  un día más viejo y tienes menor vigor.

Lo que nos queda hacer, sintiéndonos grandes y a la vez poniendo en práctica la humildad, es trabajar con ahínco para seguir superándonos.

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