La sostenibilidad

Al llegar al lugar de veraneo, sea el que sea, intento conocerlo a base de trotes y descubro así un lugar nuevo. Correr es mi mejor y habitual medio de transporte. Llego a sitios imposibles de alcanzar en cuatro o dos ruedas: senderos, calles peatonales, paseos marítimos, lomas o cumbres que me sitúan y me orientan definitivamente. Al llegar con mis piernas, dimensiono y calculo perfectamente las distancias y refuerzo de paso -disfruto haciéndolo- mi sentido de orientación, que es herencia de mi padre.

Correr me encanta porque es una manera rápida y ecológica de hacer turismo. Te permite salir del circuito turístico y del aborregamiento de los lugares comunes a las horas habituales.

Desde hace seis años que me manejo en Zaragoza con la bicicleta. Ha sido fiel testigo de peripecias y la he aparcado felizmente en muchas calles oscuras durmiendo a la intemperie.  Es robusta y compacta, de una sola pieza. Ha presenciado mis urgencias por llegar a tiempo, mi calma al saber que tardaría lo que tenía previsto y que mis piernas lo permitirían, con ella he apurado -para gozo del taller- los frenos anticipándome a los semáforos parpadeantes.

Habré cruzado la ciudad mil veces y conozco de buena tinta cada imperfección del carril bici o del asfalto. Sin ser muy consciente, estoy poniendo en práctica la sostenibilidad de nuestro mundo. Una economía más verde y que, de paso, acondiciona mi cuerpo y lo tonifica.

Mi bici, a la que sólo me falta ponerle nombre.

La ONU estableció en septiembre de 2015 un conjunto de metas a largo. En concreto, 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), de los cuales un corredor cumple con el tercero (salud y bienestar), el quinto (igualdad de género), el séptimo (energía asequible y no contaminante), el décimo primero (ciudades y comunidades sostenibles), el 12 (producción y consumo responsables) y el 13 (acción por el clima).

La vida de un corredor, dedicada a la utilización racional de sus escasos recursos fisiológicos, debería -mas que nadie- estar sensibilizado con el medio ambiente. Lo imagino saboreando hasta la última gota de agua que restaña su reseca garganta después de un trote exigente. Lo imagino alimentándose de manera eficiente y con productos muy poco o nada procesados. En definitiva cada corredor lleva impreso en su ADN a un economista, a un empresario que necesita obtener beneficios y que los gastos fijos y variables que tiene que soportar en su propio cuerpo le compensan y por supuesto que les intenta sacar buen rédito. Alimentación al cuadrado dividido por descanso.

También ser ordenado ayuda a la sostenibilidad. Le sobra lo superfluo porque no es de acumular cosas, no está aferrado al pasado y a la nostalgia. También su mente ha de ser sostenible porque cada día es una nueva oportunidad de salir a correr y de empezar de nuevo, de vivir en la realidad y el presente.

Yo guío mi vida controlando las circunstancias y excusándome muy raramente en ellas. Intento vivir en la coherencia de lo que funciona ahora y deberá funcionar en el futuro con una sostenibilidad responsable.

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