Cara B

En los 80, si querías oír música a tu gusto, disponías de cassetes y vinilos.

Recuerdo como si fuera ayer -no me negarás que empiezo a estar ya bastante usado- el peculiar sonido de la aguja girando en el tocadiscos o también el ruido característico de las teclas hundiéndose en cada (doble) pletina de los radiocassetes al rebobinar o adelantar las canciones que aborrecíamos o que dejábamos sin escuchar. Las caras B de singles que giraban a 45 revoluciones por minuto y eran la contrapartida al éxito o hit que la discográfica decidía como gancho para el lanzamiento del disco más grande o Long Play que lo hacían a 33 revoluciones.

Raramente atrapaba mi atención esa cara B ¡La de bolígrafos que he utilizado para ahorrar pilas y llegar a la canción de moda! Qué lástima que esta cara, la más oculta y por eso despreciada, esté desapareciendo de los actuales formatos de la vida. Sólo nos interesan los hechos o personas heroicas, lo que se sale de lo normal y construyen titulares de prensa o hacen de entradilla en los telediarios. Pasamos de puntillas por lo que consideramos aburrido, mediocre o torpe. Evitamos lo que suponga dolor o represente marginalidad.

Ayer vi en el cine la película Mujercitas. Me encantó quizá porque su magia surge de lo anodino, de lo vulgar que se supone en el día a día. Es preciso amar al mundo en todas sus caras para recorrerlo sin ascos con nuestras zancadas. Sentirse colmado de felicidad por los muchos kilómetros, avanzar y -a la vez- saber detenerse apreciando lo que uno ve.

Corremos como si fuéramos fugitivos. Una vez que hemos nacido no nos queda más remedio que seguir avanzando, encontrar un punto hacia el que dirigir la mirada, un horizonte hacia el que encaminar nuestros pasos. Correr se nos presenta como una liberación porque desafiamos a la gravedad sin dejar de someternos a ella. Quizá por ello los grandes pensamientos sólo se nos ocurrirán corriendo.

El corredor siempre será un artista. Porque sólo puede avanzar de poco a poco, es muy consciente de no alcanzar nunca del todo sus fines. Como el que construye con palabras unas frases para así aplazar el final y así resistir el mayor tiempo posible antes de deslizarse en el sueño definitivo..

Todo este mundo onírico y placentero que obtendrías si corrieras tiene contrapartida. Es la cara B la que experimentas cada vez que te cuesta salir por frío o por calor. La que vivencias cuando lo que no es correr –tu otra vida– se pone en pie para impedirte salir del umbral de tu puerta. Siempre habrán compromisos familiares y profesionales que exijan, también y por supuesto, tu compromiso. La cara B que experimentas cuando aparece esa lesión maldita que te impide correr.

Todas estas contradicciones te obligan a escuchar la cara B que detestas. Te están quitando ese imaginario bolígrafo y te toca esperar más de la cuenta hasta que llega, si lo hace, tu esperada canción de nuevo.

Cuando empezaste a correr quizá no te explicaron que esto de correr está plagado de caras B. Acéptalas con la mayor naturalidad que puedas si quieres estar en esto muchos años. La vida de un corredor es eso que le pasa mientras está afanado haciendo otros planes que pocas veces se cumplen.

Un comentario en “Cara B

  1. Me da que la vida es la Cara B y de vez en cuando. Te sorprendes pudiendo escuchar completa la cara A ,por eso es necesario disfrutar y apreciar la cara B

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