Los samurais

Un proverbio samurai afirma que “cuanto más sudes en el entrenamiento, menos sangrarás en el campo de batalla“.

Seguro que has pensado al leer esto que la vida no puede ser tan tremenda y que es innecesario cargar tanto las tintas. Tu experiencia de vida sin embargo te dice que se puede adoptar dos posturas: una más condescendiente, asequible y con aspecto humanizado y otra más radical y no siempre asumible para los estándares de exigencia en nuestra blanda sociedad actual.

Esto pasa también cuando hablamos de Economía. Se puede adoptar una postura en la que prime siempre y para todo la eficiencia o su contraria, en la que la equidad sea el único paradigma para la solución a los dos problemas económicos más importantes de nuestras sociedades, a saber, la asignación de unos recursos siempre escasos y la elección de aquellos problemas más importantes a resolver.

¿La sociedad japonesa se caracteriza por su eficiencia? Su tradición se sustenta en el doryoku. Es un término que podríamos traducir como esfuerzo o perseverancia y que ha inspirado continuas manifestaciones de esa cultura milenaria. Y a lo milenario pienso que hay que hacerle la ola y admirar lo que tiene arraigo durante tanto tiempo en una sociedad. No hay mayor progreso que lo transmitido de generación en generación cuando ha sido tan útil a la gente. No sería inteligente dar la espalda a todo ese acervo.

Es bueno trabajar un músculo llamado voluntad. La fortaleza mental es clave para la consecución de unos objetivos. Por ejemplo los japoneses, antes de empezar una maratón, calientan en círculos muy pequeños hasta completar 2 kilómetros. Es la manera que tienen de ir trabajando su cabeza para la competición que tendrán a continuación.

También este compromiso se da en otras culturas: un atleta keniata afirmaba que la victoria en una competición dependía del desenlace de un macabro juego: ganaba el último que sacase las manos de dentro de una imaginaria olla de agua hirviendo, así eran para él las competiciones: el ardor de la batalla se asemejaba al chup-chup de las tribus más atávicas. Si luchas puedes perder pero si no luchas estás perdido.

Ahora bien, todos estamos a tiempo de no querer jugar a ese juego de manos enrojecidas y manejarnos habitualmente con paisajes anaranjados de primavera y con el piar de gorriones que se inclinan a nuestro paso. Si el día es feo, no salimos. Si la competición se tuerce, nos aflojamos.

Durante largos periodos, los samuráis se enfrentaron día a día con los horrores de la guerra y con la posibilidad de su propia muerte, por lo que todos eran conscientes de ese riesgo. Los preceptos clásicos del bushidō  武士道  aparecieron por primera vez compilados en el Hagakure a principios del siglo XVIII. En él aparecían consejos aplicables al comportamiento samurái y el tema de la muerte tenía una importancia central en su obra.

Llegará un día en que nos vendrá la prueba, entendida como aquello que nos hace decirnos en nuestro fuero interno: ¿Qué necesidad tengo de sufrir tanto…?

El samurái desprecia la muerte. Se considera preparado para tal honor y ansía la prueba. Ahí lo dejo.

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