¿Cara o culo?

Creo que ya os lo he contado, si fuera así perdonad que me repita, será que me voy haciendo mayor y me va fallando la memoria. El caso es que resulta que vivo en Zaragoza desde hace 25 años aunque soy originario de la ciudad del Turia. Mis padres y la mitad de mis hermanos residen en Valencia y ya no sé si soy más maño que valenciano porque llevo más de la mitad de mi vida al lado del Ebro y he llegado incluso a disfrutar del cierzo y por supuesto de la suerte de vivir muy cerca de los Pirineos.

Cada cierto tiempo bajo al Mediterráneo para ver a mi familia de sangre. Me sirven de termómetro infalible sus comentarios sobre mi aspecto que hacen los que más me quieren y que son inevitablemente sinceros.

Si mi madre me dice que tengo buen aspecto, he de preocuparme. Suele coincidir con un momento de la temporada en el que me he descuidado algo en la alimentación y no tengo carreras importantes a la vista. Son mis temidos 66-67 kilos, que aparecen cuando ingiero más calorías que las que consumo.

Si por el contrario, me dice que estoy demacrado y que tengo mal aspecto, es debido a que estoy en los 64-65 kilos, y es cuando afino para una carrera concreta, aprovechando con la visita las playas levantinas y así hacer mis últimos trotes previos a una gran carrera. En este periodo, los entrenamientos determinan lo que como y la cantidad de lo que como. Es un ejercicio sencillo de sumas y restas: tanto corro, tanto repongo.

Cena hospitalaria para un paciente con demasiada azúcar en sangre

Cuando las prerrogativas que da la juventud se van atenuando y se acumulan los rodajes de muchas temporadas, se te pone una cara de atleta que es característica: tez morena, arrugas bien definidas y una mirada lúcida por estar preocupado en enriquecerse para ser cada día más sabio. Porque corriendo atesoras sabiduría: conoces a la perfección tu cuerpo, moldeas tu carácter, reafirmas tu voluntad y te tratas con una muy bien balanceada exigencia y un cariño que nunca tendrá el peligro de la melosidad pastosa. Al correr también se te aprietan las carnes, desaparece lo superfluo y no tiene cabida lo blando.

Mi madre ya me ha dado por imposible. Ha conseguido aceptar que su hijo tenga periodos más exigentes en los que da pena verlo (según sus parámetros). Ya se lo dije un día:  “lo siento mamá, he decidido ya. Elijo culo, de esos que sirven para partir nueces”.

2 comentarios en “¿Cara o culo?

  1. Hola Juan.
    Los años van pasando y me doy cuenta que cuando la gente allegada me dice: hay que mirarte dos veces para verte.
    Hay es cuando se que empiezo a estar fino.
    Estoy de acuerdo contigo y eligo lo mismo que tú.
    Que no me falten nunca unas zapatillas.
    GRANDE JUAN

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