Confinamiento

En España llevamos diez días de confinamiento, de aislamiento social. No están afectadas las necesidades básicas de la pirámide de Maslow, pero para un español es complicado renunciar a la vida social de terrazas y de quedadas. Nos va el roce, el ruido, el tumulto.

Ante el anuncio del Estado de alarma del pasado 14 de marzo, tuve una sensación mezclada de frío y de calor. Frío por si iba a ser capaz de sacar especial provecho a esta inusitada situación, y calor porque se abría un vasto periodo, que bien aprovechado, podía ser el pórtico de algo mejor.

Sin duda que el descalabro económico será descomunal, todos vamos a sufrir las consecuencias. Pero me preocupa más, por ser el problema actual más acuciante, la soledad no querida. Porque no todos sabrán gestionar adecuadamente el aislamiento. Las enfermedades mentales y físicas motivadas por la inactividad y por la comedura de coco serán un problema que arrastraremos durante un tiempo. Esto es la guerra.

En estos días que llevamos y los que nos queden, tendremos que ponernos objetivos. Ponernos al día en restañar las heridas con los demás, con uno mismo y con Dios. Pedir ayuda cuando la necesitemos y hacer un mayor uso de la voz y no tanto de los Whatsapp. Dar las gracias por lo más elemental y no tomarnos nada como un derecho.

Combatir la depresión con ocupaciones sencillas y necesarias: tomar el sol en nuestro balcón, leer, meditar, pensar (y no precisamente en bucle). Tener un horario amable pero inflexible. No comer entre horas. No descuidar el aspecto físico y no ir con el pijama todo el día.

Recorrer las 4 habitaciones de nuestra casa personal: la del ejercicio físico, la de lo intelectual, la de las emociones y la espiritual.

1. Arréglate, vístete: nunca te quedes en pijama el día entero. Sigue siendo amigo del despertador.
2. Ten una lista preparada de las TAREAS que vas a realizar en ese día (laborables, de organización, de ocio en casa, etc). No improvises, acabarás cayendo en la desidia.
3. Casa ordenada y limpia: ayudará a sentirse bien y no caer en el caos.
4. Pon música en vez de los telediarios.
5. Socialízate por videollamada y haz planes para cuando pase todo esto.
6. Tómalo como un stop vital y aprovecha para reiniciarte  y salir con ganas a la vida.
7. Practicar el ejercicio físico, TODOS LOS DÍAS, al menos una hora buscando implicar a todos, si hay niños pequeños pueden hacerlo a su modo, saltando comba o bailando o haciendo lo mismo de forma adaptada.
8. Cuidar la alimentación. Buscar la comida nutritiva, los purés de verduras, las legumbre y cocinar siempre y a poder ser en familia o con la ayuda de los pequeños, poco pan, no bebidas alcohólicas o carbónicas o cualquier forma de calorías vacías.
9. Leer. Dedicar al menos una hora para leer con calma ya sea en formato papel o digital, compartir con la familia lo que estamos leyendo explicándoles lo que nos ha gustado o lo que no y si lo recomendaríamos.
y 10. Escribir. Hacer un diario con las sensaciones y las actividades diarias.

 

Mi amigo y gran poeta, Juan Leyva, nos lo cuenta así de bien:

“No es una sensación nueva, siempre he mantenido esa soledad interior como una compañía infalible.
Imagino una vela dentro de mi, cuya llama oscila con mi respiración, que es, en parte, el movimiento que dejo penetrar del exterior.
Mi mente es un paño húmedo que limpia la suciedad del día.
Mi corazón es un paño seco que me acaricia.
Voy entrando lentamente en el lugar donde habitan mis verdades.
El silencio no es un muro que nos separa, es un cristal que nos protege.
Sabrás quién eres por cómo te comportas ante los fuertes y ante los débiles.
Sabrás quién eres por cómo amas, por lo generoso de tu gesto.
Sabrás quién eres por cómo te disciplinas y ordenas tu tiempo.
Sabrás quién eres, no por cómo conquistas, sino por cómo resistes
y aún así, es posible que tengas dudas.
Deja siempre un margen para ampliar tus límites.”
Recuerda siempre que NO ESTÁS SOLO.

Un comentario en “Confinamiento

  1. Hola Juan.
    Parece que la gente que solemos movernos habitualmente casi hemos acertado en los hábitos que tú comentas.
    No sé si he comido más. No lo creo. Supongo que es el parón de tener menos libertad para moverse.
    Algo de actividad física diaria, lectura y demás.
    Pero falta la sensación de libertad que te da calzarme las zapatillas y hacer km.
    Esperemos que esto pase rápido.
    GRANDE JUAN

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