Sereno e inquieto

Nos bombardean con infinidad de mensajes pero hay uno que prevalece: “mantén la calma, ten paciencia, sé optimista ante la adversidad”.

Y muchos de vosotros me decís: “quiero estar deprimido” “tengo derecho a sentir miedo, ansiedad y lo que me dé la gana” “estoy de la psicología positiva hasta las narices” o “ponte en mis pantalones y verás que no es tan fácil como cuentas”.

Es muy fácil hablar, las palabras se las lleva el viento. Máxima comprensión, ya que cada cuál lo vive a su manera y toca comprensión total.

Un corredor puede ser visto como un culo inquieto, alguien capaz de galvanizar súbitamente cualquier actividad o sentimiento humano. Aunque otros los ven como un ser sereno, cuasi-zen. La verdad es que no sé en qué parámetro situarme, quizá dependa de las circunstancias y con este confinamiento tengamos que ser las dos cosas.

El otro día -ya me parece que fue hace una eternidad-  les contaba a mis corredores que el buen corredor era de izquierdas y de derechas a la vez. Tenía que saber cuándo conservar y cuando -por el contrario-  tenía que promover en su entrenamiento o competición una absoluta revolución. En esta crisis sanitaria se está viendo lo que cada uno es capaz de hacer por sí mismo para no recordar -cuando pasen los años- este confinamiento como una horrible pesadilla.

Me dijeron ayer que este virus estaba siendo un ladrón de tiempo. Yo más bien lo veo como un ladrón de libertad de movimientos, porque el tiempo lo tenemos todo.

Esta situación nos está enseñando a estar parados. No teníamos costumbre de ello. Cuando era niño, me ponía todo muy nervioso. Vivía en el pasado y eso me atormentaba y me angustiaba por el futuro porque lo anticipaba. Con los años (y las 24 horas que corrí hace un año quizá me hayan ayudado) creo que he ganado en serenidad, en querer inspirar tranquilidad y a la vez mantener una cierta iniciativa, ser proactivo, vivir de retos, poner remedio eficaz a las contrariedades,…. aunque no siempre es así. Lo intento pero también flaqueo por momentos.

Todos los corredores llegamos a esta afición con un bagaje personal distinto. Tenemos un temperamento y un carácter que vamos moldeando conforme pasan los años y los kilómetros.

El día que corramos como Kipchoge, con una sonrisa en la cara, con una mirada de aceptación bondadosa a pesar del dolor punzante del lactato y de la ausencia de glucógeno, ese día seremos corredores. Aceptar con naturalidad el dolor (el dolor como concepto que ahora puedes añadir a los derivados del confinamiento), ese es el objetivo.

Sereno ante esta situación tan extraña y extraordinaria. Si no es así, no te apures. Y además de sereno, inquieto por sacar provecho de todo. Esa me parece la actitud que debemos tomar, la de aprender a aprovecharlo todo aunque muchas veces parezca ilusorio, irreal.. Nadie dijo que fuera fácil. Siempre seremos hombres y mujeres en búsqueda constante de sentido.

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