Mi familia corre

Como ya sabréis, este próximo domingo 5 de diciembre corremos los 6 hermanos la Maratón de Valencia. El 100 % de los hijos de mis padres Antonio y Consuelo. Mucho y bueno habréis tenido que hacer para que suceda esto.

Lo que no sabréis es que soy el encargado de dar los discursos en bodas, bautizos y comuniones (BBC) de la familia.

Por eso, cuando lleguemos a Valencia el sábado -víspera de la Maratón- y comamos (me relamo pensando en la paella) mis padres, nosotros sus hijos, sus nietos (faltarán algunos, son 16 en total) y biznietos; daremos forma definitiva a los últimos detalles logísticos y -ya en la sobremesa- me tocará lanzar mi discurso. Antes habré repartido las camisetas conmemorativas hechas para la ocasión con las que correremos los 42 kilómetros y que también llevarán el resto de la familia.

El discurso será algo parecido a esto:

«Agradecer la presencia de Consuelo y Pablo. La una por venir desde Londres y el otro por venir desde Bogotá. Es muy difícil juntarnos los 6 hermanos. Gracias por considerar que este motivo merecía vuestro esfuerzo.

Ante todo esta carrera es un homenaje a mis padres, un modo de agradecer el esfuerzo por educarnos en virtudes. El valor de una persona se multiplica en cuanto la actitud sale a escena. Y la maratón es algo que exige un coraje incontestable.

Todos los hermanos tenemos un ADN común, así lo veo. De hecho el resto de hermanos estábamos preocupados con Marta y como a punto de desheredarla por no haber debutado todavía en esta distancia. ¡Te la has jugado, hermana!

Ahora me dirijo a vosotros, hijas y sobrin@s: No sabéis la suerte que tenéis de tener unos padres o tíos maratonianos. Esta fecha pasará a vuestro disco duro porque representa un hito, nuestro hito Romero Sebastiá. Descuidad, acabaréis siendo también maratonianos, es cuestión de tiempo. Si alguno de vosotros no lo corre nunca, no os preocupéis. La semilla del esfuerzo y de la constancia se ha inoculado ya en vuestra sangre y ya no podéis escapar a vuestro destino: la pedagogía de lo que realmente vale la pena.

Se dice que las pasiones son un misterio inexplicable para quienes se dejan llevar por ellas, e incomprensible para quienes no las han vivido. Por eso, brothers, sisters…, allá por el kilómetro 30 empezará el infierno. No desesperéis, al llegar a la alfombra azul de los 195 últimos metros experimentaréis el gozo de entrar en el cielo. Vuestras penas anteriores se tornarán en una profunda alegría.

Todo empieza mañana, una vez hayamos cruzado los 6 la línea de meta. Vamos a hacer historia.»

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