Las delgadas líneas rojas

Vivimos tiempos convulsos y creo que se debe a que somos -con demasiada frecuencia- anodinos. Por desgracia el ser humano se aburre soberanamente en el siglo XXI.

Ni Netflix ni el Sálvame de Luxe ni Pasapalabra entretienen suficientemente al que está llamado -precisamente- a ser el que distraiga a sus congéneres con conversación y compañía. Abundan los bostezos generados por el hastío del que no sabe culminar una larga y concentrada sesión de trabajo. La dispersión está demasiado generalizada.

Proliferan enfermedades mentales, fobias, miedos irracionales y desavenencias conyugales, y no parece que se deba al progreso sino todo lo contrario. El progreso material nunca ha conseguido dar respuesta a las preguntas básicas que se hace desde siempre el hombre. Lo material debiera de estar siempre al servicio del hombre desnudo y nunca erigirse en su mayor posesión.

Han desaparecido -llevamos ya 9 meses- las carreras en el calendario. No hay estímulos para luchar por algo. Nos estamos dando cuenta de que necesitamos el reto, la trascendencia, el pasar a la historia: la nuestra, la personal. Nuestros cuatro imperdibles están huérfanos, quieren sentirse útiles por sujetar un trozo de papel con un número -el que sea- en nuestro pecho. Las pistolas de los jueces hace meses que no queman la pólvora que nos invitaba al orgásmico movimiento de un grupo con objetivo compartido, un Itaca que nos hiciese vibrar.

O nos empeñamos en vivir de entusiasmo o estamos perdidos. La pasión no se regala, se conquista. La vida es lucha y no precisamente de clases. Solo si luchamos, recobraremos la siempre huidiza alegría. No hay más tutía.

No pienses en luchas de gigantes. La verdadera lucha está en lo pequeño. Cuando pienso en mis 24 horas corriendo, me viene -y es recurrente- una sola imagen: la de mi primer paso. Ese paso fue el que me daba realmente miedo. Ese pequeño gesto desencadenó otros muchos que me llevaron como en un sueño a los 172,2 kilómetros.

Piensa en los pequeños gestos diarios de tus entrenos. Esa batería de actos rutinarios son tu tesoro más preciado. Te define precisamente lo que haces cuando nadie te ve.

Cuida los detalles pequeños. Ese modo de proceder es una verdadera táctica militar. Sostienes la guerra —las luchas diarias de tu vida deportiva— en posiciones que colocas lejos de los muros capitales de tu fortaleza.

Y el enemigo acude allí: a tu pequeño trote, a tus estiramientos habituales, a tus series ordenadas, a tu planificación de los entrenamientos inflexible ante las malas condiciones climatológicas: y es difícil que llegue a acercarse hasta los torreones, flacos para el asalto, de tu castillo. —Y si llega, llega sin eficacia.

Estudia tus líneas rojas. Intenta no sobrepasarlas. Aleja la batalla de las zonas sensibles de tu existencia. Cuida lo pequeño.

Un comentario en “Las delgadas líneas rojas

  1. Las líneas rojas normalmente (azules) son las que cruzamos al inicio del día y antes de acostarnos.Hay que hacer el día pleno y divertido aunque el cuerpo casi no permita correr o andar,hay que divertíse eso es lo esencial

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