La asertividad.

La asertividad es una habilidad social que se da cuando reconoces tus propios derechos y los defiendes, eso sí, respetando los de los demás. Como estrategia y estilo de comunicación se sitúa en un punto intermedio entre la pasividad, que consiste en permitir que terceros decidan por nosotros o pasen por alto nuestras ideas; y por otro lado tenemos la agresividad, que se presenta cuando no somos capaces de respetar las ideas de los demás.

Si somos asertivo nos expresaremos de manera consciente, congruente, directa y equilibrada, y cuya finalidad será comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde un estado interior de autoconfianza en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia.

Pongamos un ejemplo: Te sientas en un restaurante a cenar. Cuando el camarero te trae lo que has pedido, te das cuenta de que la copa está sucia, con marcas de pintura de labios de otra persona. Podrías:

  1. No decir nada y usar la copa sucia aunque a disgusto.
  2. Armar un gran escándalo en el local y decir al camarero que nunca volverás a ir a ese establecimiento.
  3. Llamar al camarero y pedirle que por favor te cambie la copa.

Ni a) ni b) son conductas apropiadas en esta situación si lo que pretendemos es reducir nuestro estrés.

El entrenamiento que sea asertivo no será el que transforme a personas sumisas en quejicas, sino que nos enseñará a defender nuestros derechos ante situaciones que puedan ser injustas.

¿Y cómo se manifiesta la asertividad en el “mundo” del corredor?

En la frase “que tu cuerpo sea tu propia liebre, escucha a tu cuerpo” estamos defendiéndonos de las agresiones injustificadas, por ejemplo cuando no sabemos decir que no ante la propuesta de competir determinada carrera. Si corremos para demostrar no se sabe bien qué, como por una apuesta ante alguien. El postureo que todo lo destruye.

También cuando no damos nuestra opinión al entrenador, cuando no le expresamos emociones negativas o positivas, cuando no le preguntamos el por qué de lo que nos plantea, cuando no compartimos nuestros sentimientos. Decir lo que realmente pensamos controlando el mensaje para que no sea demasiado agresivo o frágil es de utilidad para el que tiene la obligación de vernos por dentro y por fuera desde la posición privilegiada del que observa con conocimiento de causa.

Cuando nos permitimos el poder decir “no” ante una situación. Cuando trabajamos la autoestima y la confianza en uno mismo como parte indisoluble de cada entrenamiento o competición. Cuando te permites negociar lo que deseas porque te hace mucha ilusión una determinada carrera y no otra.

La mejor manera de tener éxito es centrarse en ello…no vivir más allá que lo que haces en ese momento. Escucha al cuerpo y que sea él quien te guíe. Respeta el descanso…permítete decaer un día… a la larga lograrás el doble.

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