Solo se llega antes, pero con amigos más lejos

Lo tengo comprobado: Los atletas que cohesionan -en el grupo de entrenamiento- son los que más prosperan. Así de empírico y de contundente.

¿Y que es cohesionar? Para mí es una cuestión de generosidad. Me explico: Me refiero a los que acogen, a los que dan ligazón al entramado de motivaciones que se concitan en torno a idénticos objetivos en un grupo de corredores. Son los que son muy conscientes de que hay infinidad de cosas que nos asemejan y sólo unas cuantas que nos hacen únicos y por tanto diferentes.

29 enero 2019

Recuerdo la época en la que ayudé a una atleta que a la postre fue olímpica. En los entrenamientos y competiciones no podía permitirme la excusa o la queja. Ayudarla y olvidarme de mi mismo hacía que el rendimiento fuese el óptimo.

El otro día me fijaba -después de un trote planteado de hora y media al grupo- en quiénes llegaban solos y los que lo hacían en grupo. Intenté casar el rendimiento -que previamente conocía- de los que vi llegar en solitario y también de los que -habiendo dado por bueno un ritmo algo menos exigente- se habían acomodado al de otros para aprovechar la sinergia de un trote largo y ameno juntos. Las cuentas me salían. La solidaridad siempre funciona en un sentido de ida y vuelta.

Me considero razonablemente sociable. Estoy acostumbrado a tratar con personas variopintas. De mi época de vendedor de zapatillas -que duró 11 años, pero también por mis anteriores trabajos que eran de cara al público- aprendí a escuchar y a conocer mejor al ser humano. Las técnicas de ventas y la atención cuidada al cliente fueron un caballo de batalla para mi habitual manera de ser introvertida. Quien me conoce bien, sabe que no me gustan los saraos ni los grupos de whatsapp, lo reconozco. Por supuesto que son necesarios pero -como en todo- es una cuestión de mesura y de contar hasta 20 antes de escribir, y en eso algunos no van muy sobrados.

El 29 de enero corrimos una carrera de diez kilómetros en Zaragoza. El tradicional 10k del roscón por el día de San Valero. He dicho corrimos porque lo hicimos 26 atletas que dirijo. Hicieron marca personal 17 de ellos. El calentamiento en grupo, el buen rollo y risas desde el primer momento, garantizaban el futuro buen desempeño. Se fueron hacia la salida en pequeños grupos, según niveles. Se protegían unos a otros. Se encomendaban en la labor de cuidar del otro. E hicieron camino. Una maravilla la sensación de grupo y de amistad entre ellos. Un proyecto común y unos intereses comunes, aunque cada uno a su nivel, que se suman a las motivaciones personales transformándolas en otra más grande.

Sentirte útil a los demás es el mayor orgullo que podemos experimentar. Que dependan de nuestro buen rollo, de nuestra alegría, de nuestro empuje. Y en esa tela de araña, en la que todos dependemos de todos, es cuando viene el éxito personal y por supuesto el colectivo.

“Uno para todos y todos para uno” diría D´Artacán. Y también podrías decir “¿Crees en nosotros?”. Así le decía el chico a la chica cuando se prometían amor para toda la vida.

Correr, sin duda, es un asunto de Amor con mayúsculas.

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